jueves, 3 de julio de 2014

Maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto

Capitalismo  / Sistema capitalista / Modo de producción capitalista / Burguesía / Pre-capitalismo / Capitalismo mercantil / Economía-mundo capitalista / Capitalismo industrial / Revolución industrial / Capitalismo financiero / Crisis económicas / Liberalismo económico / Homo aeconomicus / Capitalismo manchesteriano / Capitalismo renano / Caplitalismo de rostro humano / Capitalismo español / Capitalismo castizo / Capitalismo concesional / Libertad económica / Laissez faire / Mano invisible / Libre mercado / Economía de mercado / Sociedad de mercado / Patronal / Empresa / Empresario / Empresa privada / Empresa individual / Empresa libre
La burguesía y el proletariado inglés
protagonizando la Revolución Industrial
en la ceremonia de apertura
 de los Juegos Olímpicos de Londres 2012

El liberalismo económico o "liberalismo clásico" es una doctrina económica surgida de la crítica al mercantilismo a partir de los mismos presupuestos ideológicos de la Ilustración y el liberalismo político. Tras el precedente de la fisiocracia francesa de mediados del siglo XVIII se desarrolla en la obra de Adam Smith (La riqueza de las naciones, 1776) y otros "liberales clásicos" (Jean Baptiste Say, Malthus, David Ricardo).

La definición por Marx del capitalismo era la de un modo de producción que sigue al feudal (cuando que las fuerzas productivas ligadas al capital alcanzan un mayor desarrollo que el de las ligadas a la tierra), y que se basa en la explotación del trabajo de los que están desprovistos de toda propiedad excepto la de su propio trabajo (los proletarios) mediante la extracción de la plusvalía por los propietarios del capital o capitalistas (a diferencia del modo de producción feudal, donde los señores obtienen su renta de la extracción extraeconómica del excedente de los siervos -y ninguno de ellos, ni siervos ni señores, pueden definirse como "propietarios" de la tierra-).

El capital es trabajo acumulado y tiene varias formas (fijo, circulante); se concreta en las infraestructuras (carreteras, puentes, puertos, edificios), el equipamiento industrial (herramientas, vehículos, y especialmente las máquinas -protagonistas de la Revolución industrial-), los stocks de mercancías, y se simboliza en el dinero (y los diferentes medios de pago, que no por ser simbólico deja de ser decisivo, de hecho es un elemento tecnológicamente decisivo al potenciar los intercambios MV=PQ -ecuación de Irving Fisher-, mientras que el trueque "mercancía-mercancía" los estanca; cuando se pasa de "mercancía-dinero-mercancía" a "dinero-mercancía-dinero" se comienza un proceso que lleva a la economía financiera, en la que el "mercado de capitales" se transforma en un "mercado de dinero", "dinero-dinero" en el que la existencia real de las propias mercancías parece hacerse virtual). El salario, fijado por el mercado presionado por la existencia de un "ejército de reserva" de parados dispuestos a entrar en condiciones aún peores, es menor de lo que vale la fuerza de trabajo; además, los capitalistas se desentienden de la reproducción de la fuerza de trabajo (a diferencia del modo de producción esclavista, donde tal reproducción es asumida por el propietario de los esclavos). El análisis marxista se basaba en la teoría económica liberal clásica que había definido la ley de bronce de los salarios, pero consideraba al beneficio de los empresarios un elemento completamente legítimo (la diferencia entre el coste de producción y el precio de venta). De hecho, los clásicos (Say, Ricardo) consideraban que era el beneficio capitalista (más bien la renta del capital -la diferencia entre uno y otro exige la diferenciación entre empresario y capitalista, lo que no está claro en esa fase del desarrollo capitalista, a comienzos del siglo XIX-) el que estaba en desventaja, en este caso frente a la renta de la tierra (tierra, trabajo y capital son los tres factores de producción, cada uno de los cuales ha de ser participar del fruto de la producción a la que los tres contribuyen con la atribución de una renta, que los liberales entienden que ha de fijarse por la libre competencia en un mercado libre, obteniéndose así la más óptima asignación de los recursos -mano invisible-). Marx, en cambio, percibía que las crisis económicas (ciclos de creación y destrucción del capital) eran inevitables, parte consustancial al sistema; Hobson percibía al imperialismo ("fase superior del capitalismo" según Lenin) como el antídoto temporal a ese problema, al expulsar del mercado al capital o trabajo sobrante, restaurando la tasa de beneficio y manteniendo el nivel de los salarios. Pero eso convertía a las potencias capitalistas (definidas inicialmente como Estados nacionales con el tamaño idóneo para alojar un mercado nacional) en imperios competitivos que se veían impelidos a una expansión irrefrenable que conducía inevitablemente a la guerra.

El capitalismo "puro" se identifica con una clase de empresarios burgueses que arriesgan su capital en empresas privadas, particulares, individuales, enfrentada a un mercado libre que conduce a cada agente (el homo aeconomicus, desprovisto de cualquier otra motivación) a la mayor eficiencia empujado por la "mano invisible" (Adam Smith). Tal institución no ha tenido nunca existencia real, sino que es una abstracción o modelo económico. Toda disfunción, incluida la sucesión cíclica de crisis económicas advertida por Marx, es interpretada como una insuficiente libertad del mercado.
Full Monty es una reflexión
del cine social británico
sobre la destrucción de la sociedad industrial
en la época de Thatcher

En los años ochenta, el neoconservadurismo-neoliberalismo de Margaret Thatcher pretendió establecer una "sociedad de mercado", acabando con la preponderancia de los sindicatos en las relaciones laborales.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_bronce_de_los_salarios
http://en.wikipedia.org/wiki/Manchester_capitalism
http://en.wikipedia.org/wiki/Rhine_capitalism
http://es.wikipedia.org/wiki/Burgues%C3%ADa
http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluciones_burguesas

La crítica al dogmatismo determinista del materialismo dialéctico se realizó fundamentalmente desde el propio campo intelectual del materialismo histórico "marxiano", donde destacaron dos escuelas: la inglesa en torno a la revista Past and Present (con distintos enfoques, como el de E.P. Thompson, el de Perry Anderson y el de Eric Hobsbawn) y la francesa en torno a la revista Annales (especialmente con Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Civilización material y capitalismo, cuyas ideas fueron desarrolladas por Inmmanuel Wallenstein, El moderno sistema mundial - La economía-mundo capitalista desde el siglo XVI).

La tradición en el capitalismo español es la dependencia del Estado y de las concesiones públicas, desde las manufacturas reales y las compañías privilegiadas de tradición mercantilista-borbónica y las obligaciones para el suministro de todo tipo de productos en el Antiguo Régimen.

http://es.wikipedia.org/wiki/Manufactura_real
http://es.wikipedia.org/wiki/Compa%C3%B1%C3%ADa_privilegiada
http://es.wikipedia.org/wiki/Obligado_(econom%C3%ADa)
https://es.wikipedia.org/wiki/Capitalismo_espa%C3%B1ol

... una clase extractiva muy voraz que conforma una enorme cédula de mando, a la manera soviética, una nomenklatura política, funcionarial y empresarial heredera del franquismo. La razón de la existencia de una elite tan poderosa sólo se entiende por el singular proceso de nuestra transición política, en un país en que los servicios esenciales han vivido siempre  en régimen de monopolio, con empresas públicas o privadas controladas por el poder. Muchos antiguos franquistas, o sus descendientes, se encuentran hoy cómodamente instalados en estas empresas junto a algunas incorporaciones tardías de ex políticos de derecha o de izquierda. Es el mismo proceso que siguió hace dos décadas la Unión Soviética, con la privatización de sus recursos energéticos y industriales, hoy en manos de antiguos dirigentes comunistas. Este  gran conglomerado de empresas de servicios, a pesar de estar privatizadas, continúa viviendo en régimen de monopolio, sin competencia, con la clientela secuestrada. Junto a las empresas de servicios, se encuentran las de construcción de obra pública, hoy en horas bajas por unos presupuestos restrictivos, pero aún poderosas y, finalmente, las entidades financieras, presentes en el accionariado de los dos grupos anteriores. Este es el núcleo duro del empresariado español, una familia que para conseguir beneficios  no necesita dominar idiomas ni ser competitiva, le basta con la complicidad mafiosa de sus parientes cercanos, políticos, altos funcionarios, periodistas y jueces.  Los empresarios de verdad, los que son capaces de crear industrias competitivas, los que exportan y generan riqueza,  son una minoría mal vista, sin poder real, pájaros cantores en un aviario de rapaces. (Jaume Grau)

"Capitalismo castizo" o "capitalismo concesional" (Xavier Fageda -El precio de la foto, Salvados, La Sexta-, diciembre de 2013, Sala y Martín, La Vanguardia, octubre 2012, César Molinas, El País, marzo 2012 -véase reseña de su libro de 2013-).

Ignacio Sotelo, La tercera fase del capitalismo - El poderío financiero necesita poca mano de obra y amenaza a la democracia, El País, 11 de marzo de 2014.

Antonio Escohotado, Los enemigos del comercio - Una historia moral de la propiedad, (ídem, selecciónLos enemigos del comercio - Fuente y dinámica del movimiento comunistaLos enemigos de la realidad (presentación en conferencia)

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario. Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas. La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás. (Carlos Marx, Manifiesto comunista).


Véase también Economía y política, Liberalismo, Marxismo, Neoliberalismo-Neoconservadurismo, Estado-Estado del bienestar, Hombre-Rostro humano, Movimiento obrero, Mercantilismo-Proteccionismo-Librecambismo