domingo, 6 de julio de 2014

Democracia, democracia, democracia

Democracia / Democracia ateniense / Democracia concejil / Democracia ginebrina / Democracia burguesa / Democracia liberal / Democracia formal / Democracia real / Democracia representativa / Democracia directa / Democracia asamblearia / Democracia participativa / Democracia social / Democracia electrónica / Calidad de la democracia

Democracia es el sistema político en el que el pueblo (demos) ejerce el poder (cratos). Si el poder es la capacidad de convertir los deseos en realidad, democracia sería el sistema en el que se cumplen los deseos del pueblo (la voluntad popular, teóricamente identificada con los intereses generales); pero no bastaría con eso, puesto que tal cosa sería también el propósito del despotismo ilustrado ("todo por el pueblo" -como el déspota ilustrado sabe lo que interesa al pueblo, no le deja al pueblo decidir y equivocarse, sino que se lo impone y le educa- "pero sin el pueblo").

Para que un sistema sea democrático son más importantes los métodos o procedimientos (métodos democráticos, procedimientos democráticos) que los propósitos y los resultados (como en la ciencia -"más cómo y menos por qué"-): el poder no debe ser ejercido en nombre del pueblo por un dirigente o por una élite, por muy bienintencionados y eficaces que sean (tecnocracia, aristocracia filosófica de Platón, teocracias), sino que debe haber una clara participación popular en el poder. Tal participación ha de partir del reconocimiento de la esencia popular en el origen del poder (expresado en el concepto de la soberanía nacional residiendo en el pueblo -soberanía popular-) y prolongarse en mecanismos efectivos de control popular sobre el ejercicio del poder (principalmente, pero no únicamente, la elección y renovación de los cargos públicos). Los procedimientos democráticos son lo que se denomina "democracia formal"; mientras que el contenido de la democracia se identifica con los principios o valores democráticos, especialmente dos: la libertad y la igualdad. No todas las constituciones tienen una declaración de intenciones u obetivos; en el preámbulo de la española de 1978 se expresan así: La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran; en el de la española de 1812: el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la Nación; en la de los Estados Unidos de 1787: Nosotros, el pueblo de lo los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra posteridad los beneficios de la Libertad; el lema revolucionario francés, incorporado a las constituciones francesas desde 1946 es: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

La adjetivación de la democracia suele ser consecuencia de su carencia: "democracia popular" -bloque soviético-, "democracia orgánica" -franquismo-). La "calidad de la democracia" y su medición son un concepto de reciente aparición, que se vincula a la denominada "transparencia". Por otro lado, la imposibilidad de dar una definición fija de democracia, puesto que "las cosas que admiten definición exacta es porque no tienen historia", obliga a adjetivarla (Fernando Savater Tribulaciones democráticas - Los movimientos separatistas son antieuropeos, aunque digan lo contrario).

La Atenas del  siglo V a. C., la Castilla del siglo X, la Ginebra del siglo XVIII, las comunas del socialismo utópico del siglo XIX o de los hippies del siglo XX, se han puesto como ejemplos de democracia directa o asamblearia, en la que cada decisión se toma por la totalidad de los que tienen voz y voto en una asamblea o concejo abierto. Los Estados Unidos del siglo XIX se han puesto como ejemplos de la democracia puesta en práctica a la amplia escala de un Estado-nación (democracia jeffersoniana, democracia jacksoniana), en las que las formas asamblearias, que funcionan a nivel local (consejos escolares, municipales) conviven con otras formas de ejercicio del poder por el sujeto de la soberanía (el pueblo) como son el juicio por jurado, los referéndums, la elección de todo tipo de cargos públicos, etc. Las teorías de los ilustrados del XVIII, particularmente el principio de la división de poderes de Montesquieu, el principio de la tolerancia de Voltaire y el principio de la soberanía nacional de Rousseau, se consideran las bases de los sistemas en que el poder se limita a sí mismo, lo que garantiza la libertad individual, reconoce derechos (no siempre definidos de igual forma: individuales, civiles, humanos, sociales) y se ejerce mediante representantes elegidos libremente. Tales sistemas sólo son democráticos si tal representación se hace mediante elección popular y hay mecanismos de control popular. Así se procuraron aplicar históricamente en los sucesivos movimientos revolucionarios: el americano de 1776, los franceses de 1789, 1848 y 1871 (la Communne) y el ruso de 1917.

La democracia se ha definido de forma lapidaria en diferentes ocasiones. La clásica de la "democracia ateniense" la realizó Tucídides al recrear un discurso fúnebre que atribuye a Pericles:


Esquema de una trirreme ateniense
 (procede del blog de Pompilos -diario esporádico de un profesor de griego-).
Se ha relacionado la democracia con el papel clave que los remeros atenienses
tenían en la flota, y el de ésta en las guerras médicas, y el de éstas...
Similares reflexiones se han hecho de las distintas formaciones terrestres
y los equipamientos requeridos (héroes homéricos en carro, hoplitas a pie).
También en el sistema político-militar romano (senadores, equites, proletarii)
Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor / está en manos [según se lea oikeîn o hékein] de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia; respecto a las leyes, todos gozan de iguales derechos en la defensa de sus intereses particulares; en lo relativo a los honores, cualquiera que se distinga en algún aspecto puede acceder a los cargos públicos, pues se lo elige más por sus méritos que por su categoría social; y tampoco al que es pobre, por su parte, su oscura posición le impide prestar sus servicios a la patria, si es que tiene la posibilidad de hacerlo.
Tenemos por norma respetar la libertad, tanto en los asuntos públicos como en las rivalidades diarias de unos con otros, sin enojarnos con nuestro vecino cuando él actúa espontáneamente, ni exteriorizar nuestra molestia, pues ésta, aunque innocua, es ingrata de presenciar. Si bien en los asuntos privados somos indulgentes, en los públicos, en cambio, ante todo por un respetuoso temor, jamás obramos ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca el turno de mandar, y acatamos las leyes, en particular las dictadas en favor de los que son víctimas de una injusticia, y las que, aunque no estén escritas, todos consideran vergonzoso infringir. (Historia de la Guerra del Peloponeso, II, 35-46).

Curiosamente, no era esa la opinión mayoritaria; quizá sí en determinados momentos en Atenas (en ese breve periodo que de forma optimista se conoce como "siglo de Pericles", mediados del siglo V a. C.), pero no en la mayor parte de las ciudades griegas, cuyos regímenes políticos fueron más habitualmente aristocráticos, o tiranías populares, o satrapías provinciales del despotismo oriental impuesto por el Imperio persa, el Imperio macedónico (a quien sin éxito se opuso Demóstenes en Atenas) o las monarquías helenísticas. Las opiniones contrarias a la democracia ateniense están en los propios textos políticos de los filósofos atenienses, empezando por el mismo Platón, partidario de una meritocracia en la que la mayoría tendría que limitarse a trabajar para alimentar a los guerreros que los defienden y a los filósofos que los gobiernan. Son muy significativos los textos del "partido aristocrático" ateniense donde se denomina ''kakoi'' ("malvados") a los del "partido popular".
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_Arcaica#Conflictos_sociales_y_pol.C3.ADticos
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_Arcaica#Gn.C3.B3mica

... recobrar aquélla democracia (patrios politeia) que Solón, el mayor demócrata, nos legisló y Clístenes restableció tras expulsar a los tiranos y traer de nuevo al pueblo. No encontraremos ninguna más democrática ni más útil a la ciudad que esta. Y la mayor prueba es la siguiente: los que se sirvieron de ella ejecutaron muchas y bellas acciones, tuvieron la mayor fama entre todos los hombres y alcanzaron la hegemonía que les dieron voluntariamente los griegos. ... Quienes en aquel tiempo gobernaban la ciudad establecieron no una constitución que tenía [sic, tuviese] el nombre más democrático y dulce pero que por sus hechos no se mostraba [sic, mostrase] así a los que les afectaba, ni la [sic, una constitución] que educaba a los ciudadanos en la creencia de que era democracia el libertinaje, libertad la ilegalidad, igualdad de derechos [isonomía?] la libertad de expresión [Crítica a la democracia avanzada al tratar el tema de la libertad de palabra (parresía); no debe confundirse esta libertad de expresión con la injuria -nota del editor-] y felicidad la posibilidad de actuar de esta manera, sino la [sic, una constitución] que, al odiar y castigar a los que eran así, hizo mejores y más prudentes a todos los ciudadanos. Lo que más contribuyó a que gobernaran bien la ciudad fue que, de las dos igualdades que se conocen, una la que asigna lo mismo a todos y otra la que da a cada uno lo más conveniente [distinción entre igualdad "matemática" e igualdad "geométrica" (es parecido a la distinción que los americanos hacen entre equality y equity -nota mía-), el tema lo trata Platón en Rep. 558 e Isócrates  lo plantea también en Nicocles 14 y sigs. y A Nicocles 14. -nota del editor-] , no ignoraron cuál es la más útil, sino que consideraron injusta la que estima igual a los buenos y a los malos. Por el contrario, prefirieron la igualdad que premia y castiga a cada uno según su mérito, y con ella gobernaron la ciudad, sin designar los cargos públicos sacándolos a sorteo entre todos, sino eligiendo para cada empresa a los mejores y a los más capaces [A este tipo de elecciones entre un grupo de gentes seleccionadas anteriormente, se le llama prokrínein o hareisthai ek prokriton -nota del editor]. Porque esperaban que los demás se hicieran iguales a quienes eran más diestros en los asuntos públicos. Además pensaron que este sistema era más democrático que el producido por la suerte. Pues en un sorteo decide el azar y muchas veces los cargos van a parar a quienes desean la oligarquía, pero en una elección de los más adecuados, el pueblo será dueño de elegir a los más firmes partidarios de la constitución establecida. ... Para decirlo en una palabra, aquellos [Solón, Clístenes] habían determinado que el pueblo, como un tirano, debía establecer los cargos públicos, castigar a los infractores y resolver las disputas, y que los que fueran capaces de mandar y hubieran adquirido unos medios de vida suficientes, se ocuparan de los asuntos públicos como si fueran sus servidores, y que, si llegaban a ser justos, fueran aplaudidos y se conformaran con ese honor. ... ¿cómo se podrá encontrar una democracia más firme o más justa que la que ponía a los más capacitados al frente de los asuntos y hacía al pueblo señor de ellos? (Isócrates, Aeropagítico, 16 y ss.)

Entre los teóricos políticos romanos el concepto de democracia no tiene defensores. Polibio define más bien su sistema como un híbrido entre los principios monárquicos (las magistraturas), aristocráticos (el senado) y democráticos (los comicios); surgido de la rebelión de los patricios contra una monarquía extranjera (etrusca) y de la lucha de los plebeyos por alcanzar cierta participación en el poder.

Durante la Edad Media, el concepto de democracia en teoría política es peyorativo. La representación política estamental en los parlamentos era algo muy alejado de principios democráticos, sino la extensión de prácticas tradicionales que combinaban el modelo cortesano bajoimperial del Aula Regia con el modelo germánico de la asamblea de guerreros libres, y el pacto feudo-vasallático (auxilium et consilium). La extensión de un gobierno popular local (como el concejo abierto castellano) significaba convertirlo en "señorío colectivo" o república aristocrática (como las ciudades estado italianas). No obstante, se fueron introduciendo conceptos teóricos de distinto origen (derecho romano, derecho canónico, especulaciones filosóficas y teológicas -Defensor Pacis de Marsilio de Padua-) que con el tiempo serían de aplicación en el futuro concepto de democracia, como el principio Quod omnes tangit ab omnibus approbari debet (lo que a todos concierne, todos deben aprobarlo) y el conciliarismo (el poder del concilio -que representa a la Res Publica Christiana- es superior al del papa). En todo el periodo del Antiguo Régimen, desde los últimos siglos de la Edad Media hasta el final de la Edad Moderna, con el nombre de "democracia" nadie identificaba un ideal político, aunque retrospectivamente la historiografía (muy a menudo con criterios idealizadores románticos) interpretó tendencias igualitarias en las experiencias radicales de participación popular (los fraticelli, hussitas, wicliffitas y lolardos, los comuneros castellanos, los anabaptistas alemanes o los levellers ingleses). Los padres de la ciencia política (escuela de Salamanca, Grotius, Hobbes, Locke, Montesquieu) no estiman particularmente la democracia, hasta el triunfo ideológico de la Ilustración a mediados del siglo XVIII. Rousseau y los philosophes enciclopedistas que encienden la llama ideológica de la Revolución francesa tienen el centro de su pensamiento político no tanto en la democracia como en la soberanía nacional o popular que, con los derechos naturales, se inspiran el concepto de contrato social, y que tendrá muy distinta lectura a uno y otro lado del Atlántico, como evidencian Burke (inglés, que apoya a los revolucionarios americanos y combate a los franceses) y Tocqueville (francés, que encuentra en la sociedad estadounidense -De la démocratie en Amerique, 1835- las claves del futuro sociopolítico que en su país estaban oscurecidas por el humo de las barricadas).

La definición contemporánea, la de la "democracia americana" la realizó Abraham Lincoln en una ocasión similar a la de Pericles, la "oración de Gettysburg" (el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, parafraseando al lema del despotismo ilustrado).

La profunda transformación social (paso de la sociedad preindustrial a la sociedad industrial) que se produjo en el contexto económico y tecnológico de las revoluciones industriales y en el contexto político no tanto de la crisis del Antiguo Régimen en la "era de las revoluciones" (revoluciones liberales de 1776 a 1848), como del reformismo posterior a ellas, el que se enfrentó al desafío de la "era de los extremos" (guerras mundiales, entreguerras, totalitarismos, de 1914 a 1945 -y la guerra fría posterior-) con un pacto social entre clases y una fuerte inversión en "consenso manufacturado"; la democracia pasa a ser un ideal de convivencia definida en lo formal por el Estado de derecho y las elecciones libres, y en el contenido por el Estado del bienestar y la intervención en la economía de mercado: una "democracia social", que se ejemplifica en el paraíso nórdico (la imagen que tenían los "progres" antifranquistas españoles de todo lo que había al norte de los Pirineos, y la que los "liberals" estadounidenses tenían de Canadá y Europa noroccidental, a su lado del Muro de Berlín -el que visitó Kennedy en 1963, cuando dijo Ich bin ein Berliner-).

El proceso de democratización, señala Bobbio, debería manifestarse "no tanto en la respuesta a la pregunta ¿quién vota? como en la contestación a la interrogante ¿dónde vota?". En otras palabras, el desarrollo de la democracia debería manifestarse no tanto en el aumento del número de quienes tienen derecho a participar en las decisiones generales (políticas...) que les atañen (conquista ya lograda con el sufragio universal), sino en el aumento de los espacios en los que pueden ejercer ese derecho. El proceso de democratización, entendido como "extensión del poder ascendente ... al campo de la sociedad civil en sus diversaqs articulaciones, desde la escuela hasta la fábrica", implicaría "el paso de la democracia política, en sentido estricto, a la democracia social". Pero ¿qué entiende Bobbio por democracia social"? Cuando Tocqueville habla de la democratización en términos de un lento proceso de igualación de las condiciones, su análisis muestra un problema conceptual relativo al uso del concepto mismo de democracia. "Democracia" es utilizado no sólo como un término de la teoría política para caracterizar una forma de gobierno (de toma de decisiones colectivas), sino también como un concepto de la sociología para caraqcterizar un determinado orden social. De hecho, como ya dijimos, en su discurso uno de los sentidos básicos de democracia es igualdad de condiciones: la "democracia" es sobre todo, un estado de la sociedad cuyo rasgo central es la igualdad. ¿Qué igualdad? La que resulta de la eliminación de los rangos característicos de la sociedad del ancien régime y de sus privilegios, de manera que todos los individuos tienden a quedarse en un solo rango, con características, derechos, costumbres, deseos e incluso presupuestos, tendencialmente iguales. En el discurso de Bobbio en torno al "espacio limitado" encontramos, en cambio, una extensión en el uso del término "democracia" más allá del ámbito puramente polítio, es decir, general y coactivo. Se trata de un uso que se refiere a toma de decisiones colectivas de carácter no general y no directamente sancionado, como las decidiones locales en una empresa, en una escuela, en una fábrica, etc. En otras palabras, por democracia entiende, más allá del ámbito político, una "forma de gobierno" posible, y quizás incluso deseable o alcanzable, de las varias y distintas instituciones de la sociedad civil. - Ampliación del concepto de democracia: la democracia social - Con frecuencia, Bobbio utiliza la expresión "democracia social" en el contexto de la polémica con aquellos que defienden la idea de que el proceso de democratización avanzaría únicamente por la vía de la sustitución de la democracia representativa por la democracia directa. Para atacar esta idea, Bobbio recurre, por una parte al argumento tradicional esgrimido contra las condiciones previstas por Rousseau para la existencia de una democracia, entendida ésta como democracia "directa": el tamaño y la creciente complejidad de los estados modernos impiden la participación directa de todos los ciudadanos en todas las decisiones que les atañen. Además, Bobbio advierte contra los peligros del exceso de participación de los ciudadanos: "El ciudadano total y el estado total son dos caras de la misma moneda, porque tienen en común, aunque considerada la una desde el punto de vista del pueblo, y la otra desde el punto de vista del príncipe, el mismo principio: "todo es política", es decir, la reducción de todos los intereses humanos a los intereses de la polis, la politización integral del hombre, la disolución del hombre en el ciudadano, la eliminación completa de la esfera de la vida privada en la esfera pública". Por otro lado, Bobbio muesta el equívoco conceptual en el que caen las demandas de más democracia por la vía de la ampliación o la sustitución de la democracia representativa por la democracia  directa: si bien se invoca a la democracia directa, en realidad lo que se pide es una extensión de la democracia o un cambio en sus instituciones, lo cual no implica la sustitución de la democracia representativa, sino más bien su desarrollo. ... "la ocupación por parte de formas, incluso tradicionales, de democracia, como la democracia representativa, de nuevos espacios, es decir, de espacios dominados  hasta ahora por organizaciones de tipo jerárquico o burocrático". Para Bobbio no habría entonces, ningún tipo de incompatibilidad entre la democracia representativa y el cambio odesarrollo de sus instituciones; se trataría más bien del paso "de la democratización del estado a la democratización de la sociedad". (Corina Yturbe, Pensar la democracia: Norberto Bobbio, pgs. 118-120).

Siguiendo a Churchill (es la peor forma de gobierno, excepto todas las otras formas que se han probado de tiempo en tiempo -también la ejemplificó con la situación en que si llaman a tu puerta de madrugada, es el lechero-), hay cada vez una mayor tendencia a identificar la democracia contemporánea con un sistema político adecuado a lo que Popper denomina "sociedad abierta", y que tiene mucho que ver con su epistemología (el falsacionismo, que surge a partir del análisis del nuevo paradigma científico que se impuso a partir del primer tercio del siglo XX -probabilista y no determinista-): la democracia no es el sistema perfecto sino un bienintencionado intento de regular y aprovechar civilizadamente las imperfecciones de convivencia de los humanos para generar fórmulas cada vez más… perfectibles. Tanto en las relaciones de pareja, tan frágiles hoy día, como en las propiamente políticas, no hay que esperar utópicas felicidades eternas ni el cumplimiento de ideales salvíficos, sino arbitrar correcciones, una detrás de otra, sin pausa, sin fin y con una razonable tolerancia a las imperfecciones ajenas y al nunca desdeñable papel del azar. Claro que cabría preguntarse qué pasa cuando se produce un overbooking de imperfecciones, pero esa sería otra historia (Pedro J. Bosch, El discreto encanto de las imperfecciones, 6 de julio de 2014).

El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía. El pueblo transfiere de diversos modos el ejercicio de su soberanía a aquellos que elige libremente como sus representantes, pero conserva la facultad de ejercitarla en el control de las acciones de los gobernantes y también en su sustitución, en caso de que no cumplan satisfactoriamente sus funciones. Si bien esto es un derecho válido en todo Estado y en cualquier régimen político, el sistema de la democracia, gracias a sus procedimientos de control, permite y garantiza su mejor actuación. (Pontificio Consejo "Justicia y Paz", Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 2005, párrafo 395; cita como fuentes de este párrafoa Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991) 850-851 y a Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris: AAS 55 (1963) 271). La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia. El gobierno democrático, en efecto, se define a partir de la atribución, por parte del pueblo, de poderes y funciones, que deben ejercitarse en su nombre, por su cuenta y a su favor; es evidente, pues, que toda democracia debe ser participativa. Lo cual comporta que los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados en el ejercicio de las funciones que ésta desarrolla. (ídem, párrafo 190, mismas fuentes).

Desde la Segunda Guerra Mundial, establecida la democracia como única forma de gobierno respetable en el escenario internacional (convención universal que incluso fue sancionada por la iglesia católica desde su aggiornamento), ha ocurrido una curiosa convergencia de todo tipo de connotaciones positivas en el término, de modo que ha venido a resultar completamente inutilizable como criterio de diferenciación política, porque la mayoría de la gente llama democracia a la forma de gobierno que le gusta o le conviene (Jesús Palomar, Los padres de la democracia). En algunos, ese gusto o conveniencia se ajusta a un ideal candoroso (democracia sería que a todos nos miraran igual, dijo el pastor entrevistado por Évole), y en otros, al ideal de paz que comparten todos los conquistadores sanguinarios (la paz tras mi victoria -no tengo enemigos, los he matado a todos-, dijo Narváez al confesor, que en su lecho de muerte le exhortaba a perdonar a sus enemigos) y que también puede verse en la tópica proclama de dictador sudamericano: Democracia, democracia, democracia, y al que no le guste que me lo afusilen ... empezando por esa panda de opositores ... que me están chingando la democracia.

Según un primer concepto de democracia, esta es un procedimiento, un conjunto de reglas procedimentales en las cuales la regla de la mayoría ocupa un lugar preponderante para la toma de decisiones. ... Es bastante obvio, y lo recordaba oportunamente hace pocos meses Francisco J. Laporta en las páginas de EL PAÍS (26 de mayo de 2014) que, con arreglo a este concepto, en democracia no puede decidirse sobre todo. Muchos recordamos de nuestra época de jóvenes universitarios las interminables discusiones sobre si habíamos de votar sobre determinada cuestión, y también si habíamos de votar sobre si votábamos sobre dicha cuestión y, recuerdo alguna vez, si habíamos de votar sobre si votábamos sobre si votar sobre determinada cuestión. Es un caso claro de regreso al infinito. No podemos votar sobre todo y a la vez. El procedimiento democrático requiere que algunas cosas se establezcan de antemano: la agenda de las cuestiones a decidir, el orden en que se decidirán, la forma en que se formularán para tomar la decisión, el momento en que tendrá lugar la votación, por ejemplo. Es una cosa sabida de hace mucho tiempo. Ramon Llull, por ejemplo, tiene algunos estudios sumamente instructivos sobre todo ello, fundamentalmente preocupado por los procedimientos de elección de los abades en las comunidades monásticas. Después, en el siglo XVIII, el caballero de Borda y el marqués de Condorcet sofisticaron matemáticamente estas aproximaciones mostrando algunas interesantes paradojas y consecuencias de los diversos métodos de votación que están en el origen, de la pionera mano de Kenneth Arrow, de muy relevantes desarrollos de la ciencia política y de la economía contemporánea. Conforme al segundo concepto de democracia, la democracia es un ideal, el ideal del autogobierno. Este es un ideal no procedimental, sino sustantivo. Dado que nos reconocemos como personas autónomas, el único modo legítimo de aceptar la autoridad de unos sobre otros es en un modelo que garantice que esta autoridad es aceptable por todas las personas razonables sometidas a ella, como un marco adecuado para llevar adelante sus planes de vida. Estos dos conceptos son complementarios, pero algunas veces pueden entrar en tensión. Por ejemplo, cuando algunas minorías no sienten que las reglas procedimentales que gobiernan su comunidad son capaces de albergar de manera razonable sus planes de vida, se manifiestan en las calles y se rebelan para cambiar dicha situación. La lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos en los años sesenta para lograr el cambio de muchas reglas que perjudicaban a los miembros de la minoría afroamericana tiene mucho que ver con ello. (Josep Joan Moreso, Dos conceptos de democracia - Es un conjunto de reglas y un ideal de autogobierno: cuando entran en tensión, hay que buscar salidas, El País, 26 de agosto de 2014).

A 2016 Presidential Election Panel Survey by the RAND Corporation revealed that the single factor that best predicted voter support for Donald Trump among likely Republican voters was not income, education, race, gender or attitudes toward Muslim or illegal immigration, but agreement with the statement “people like me don’t have any say.” [la gente como yo no tiene nada que decir, no tiene poder de decisión, no tiene voz ni voto]  What if these and other voters who feel powerless really are?... In an earlier era of white supremacy and Protestant Christian hegemony, the United States was what the Washington Post columnist Fareed Zakaria and others call an “illiberal democracy,” [democracia enfermo-liberal] characterized by majoritarian tyranny [tiranía de la mayoría]. But the solution is not the other extreme of technocratic rule by purportedly enlightened elites, described by the Harvard political theorist Yascha Mounk as “undemocratic liberalism.” [liberalismo indemocrático] Majorities need to be constrained when it comes to essential rights. But removing too many decisions from local to remote governments and from legislators answerable to voters to unelected judges, executive officials and treaty negotiators [se refiere al ITTP], is likely to create a democratic deficit that provokes a backlash against the system. If we want to avert the sense of powerlessness among voters that fuels demagogy [se refiere a los candidatos Trump y Sanders], the answer is not less democracy in America, but more.
Michael Lind, Is There Too Much Democracy in America or Too Little?, NYT, 14 de mayo de 2016

Véase también Pueblo-Demos, Poder, Voluntad, Soberanía, Ciudadano-Participación, Elecciones, Referéndum, Grecia, Concejo, Burguesía, Liberalismo, Americano, Despotismo-Despotismo ilustrado, Poder-Separación de poderes, Conflicto-Consenso

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Definiciones_de_la_democracia
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2013/09/democracia-sorteo-o-eleccion.html
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2013/08/democracia-ciudadania-y-derechos.html
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2014/07/los-padres-de-la-democracia.html#more
Serie de artículos de Pablo Simón en Jot Dawn (2014-2015): "La democracia según..." Carl SchmittMax Weber, Tocqueville, Marx, Schumpeter, Stuart Mill.

Democracia cristiana > Religión y política (cristianismo)
Véase también Espectro político-Centrismo

Democracia popular > Comunismo

Democracia vigilada > Militarismo
Véase también Poder-Poderes fácticos

1 comentario:

  1. Y todo empezó con un inocente debate, ¿te acuerdas?. Extraordinaria ilustración del tema, Ángel. Y, como me citas en en tu escrito, me vengo inmediatamente y pondré un enlace de tu entrada en mi blog. Un saludo.

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