sábado, 29 de noviembre de 2014

Mantenella o enmendalla

Tolerancia / Tolerar / Tolerante / Transigencia / Transigir / Transigente / Intolerancia / Intransigencia / Intransigente / Integrismo / Integrista / Fundamentalismo / Fundamentalista / Fidelidad / Fiel / Infiel / Kafir / Lealtad / Deslealtad / Traición / Traidor / Coherencia / Incoherencia / Congruencia
La expulsión de los judíos, de Emilio Sala
(Fuente: Commons)

El conflicto entre lo perfecto pero irrealizable y lo imperfecto pero posible, entre mantener la palabra dada o hacer lo que ahora parece mejor, entre mantener las convicciones o servir a los intereses; es consustancial a la toma de decisiones políticas en un mundo cambiante, al que hay que adaptarse, transigiendo, o bien resistir con la esperanza de imponerse.

El político que interpreta correctamente el momento de la transición se convierte en un villano para el antiguo régimen que traiciona y nunca dejará de ser un chaquetero arribista para el nuevo régimen que ayuda a alumbrar, pero es posiblemente un verdadero héroe (Javier Cercas presenta así a Adolfo Suárez -y lo compara con Gorbachov- en Anatomía de un instante). La postura rígida de un héroe numantino (que prefiere la muerte al deshonor) puede ser en la práctica la mayor traición.

Es irresoluble el debate ético entre la postura consecuencialista y la postura categórica (hacer lo más conveniente o lo que es debido). Al gobernante hay que juzgarle tanto por la rectitud de sus intenciones como por la eficacia de sus resultados, pero que el enjuiciamiento de ambas cosas consiga universal consenso es bien raro. La limpieza y la suciedad son imágenes metafóricas muy extendidas para calificar la buena y la mala política, la incorruptibilidad y la corrupción. Todos coincidirían en que lo ideal es ser limpio, pero para llevar ese ideal a la práctica algunos pretenderían desinfectarnos a todos con ácido y otros se conformarían con lavarse cuando no haya otro remedio (alguno ha llegado a una solución radical: "me baño todos los meses, me haga o no me haga falta"). En todo caso hay que lavar al niño, pero también hay que impedir que al vaciar la bañera se nos vaya el niño con el agua sucia.

Fuente: http://www.picturesofbabies.net/wp-content/uploads/2013/07/83.jpg

Los integrismos y fundamentalismos, que identifican la política con la aplicación de reglas sagradas, inmutables, para obtener una sociedad perfecta, sólo pueden considerar "pecador" al que, creyendo en ellas, sea negligente en su cumplimiento, e "infiel" (kafir) al que las niegue porque no cree en ellas (si participa de lo básico de la creencia pero discrepa de la correcta interpretación -"ortodoxia"-, entonces es un "hereje", y también debe ser castigado). Tolerar al pecador o al infiel es aceptar parcialmente el mal, y a un tolerante se le acusará siempre de ser un indiferente (peor que un pecador o que un infiel: un ateo).

La virtud política de la prudencia no exige mantener siempre la coherencia, sino más bien la congruencia; aplicar la tolerancia y transigir con ciertas imperfecciones para conseguir no la perfección, sino el bien común. Véanse las definiciones del DRAE:

Tolerar. (Del lat. tolerāre).
1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Transigir. (Del lat. transigĕre).
1. intr. Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia. U. t. c. tr.
2. tr. Ajustar algún punto dudoso o litigioso, conviniendo las partes voluntariamente en algún medio que componga y parta la diferencia de la disputa.

Congruencia. (Del lat. congruentĭa).
1. f. Conveniencia, coherencia, relación lógica.
2. f. Der. Conformidad entre los pronunciamientos del fallo y las pretensiones de las partes formuladas en el juicio.
3. f. Mat. Expresión algébrica que manifiesta la igualdad de los restos de las divisiones de dos números congruentes por su módulo y que suele representarse con tres rayas horizontales (≡) puestas entre dichos números.
4. f. Rel. Eficacia de la gracia de Dios, que obra sin destruir la libertad del hombre.

Coherencia. (Del lat. cohaerentĭa).
1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.
2. f. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. "Lo hago por coherencia con mis principios"
3. f. Fís. cohesión (‖ unión entre moléculas).
4. f. Ling. Estado de un sistema lingüístico o de un texto cuando sus componentes aparecen en conjuntos solidarios.

Traición. (Del lat. traditĭo, -ōnis).
1. f. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.
2. f. Der. Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria.
Alta traición: traición cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado. A traición: alevosamente, faltando a la lealtad o confianza.

A nivel individual y grupal suele hablarse de coherencia cuando el pensamiento, las palabras y las obras guardan un apreciable grado de congruencia, cuando son las esperables en cada caso. A nivel del sistema político global el asunto es mucho más complejo, porque no existe en él un centro de conciencia total de toda la problemática afrontada, interna y externa; la conciencia de muchos problemas es escasa e intermitente en la cima del sistema, y son muchas las personas y grupos que intervienen e interactúan. No es extraño que sea bajo, en general, el nivel de coherencia política, salvo quizás en las grandes orientaciones globales. (Coherencia política - Eumed)


Cuando Felipe González llegó a la Moncloa tiró a la basura ese programa [de izquierdas] y aplicó otra política económica. Lo mismo que muchos años más tarde hizo Mariano Rajoy. La diferencia es que hoy ha cambiado la sensibilidad de los ciudadanos ante los programas electorales (como ante la corrupción): ahora los escrutan para que se cumplan y castigan a los incumplidores. (Joaquín Estefanía)

Una de las características de los políticos españoles, al menos de los que soportan graves responsabilidades de gobierno, es la perserverancia en el error. Lo que puede ser virtud en otras circunstancias deviene a veces en una terquedad cuyo único motivo es evitar dar la razón al adversario. Han heredado uno de los rasgos de los viejos caballeros castellanos, que tantos disgustos les ha costado —y nos ha costado—, reflejado estupendamente en este parlamento del conde Lozano en Las mocedades del Cid: «Esta opinión es honrada. / Procure siempre acertalla / el honrado y principal; / pero si la acierta mal, / defendella y no enmendalla». ... El episodio lo cuenta Guillén de Castro en la obra citada, escrita a principios del siglo XVII, donde viene el defendella y no enmendalla, muchas veces convertido en sostenella y no enmendalla o mantenella y no enmendalla. (La mirada de la lengua)

En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen spíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consexos no podemos tomar camino para acertar. (Quinta de las Reglas para en alguna manera sentir y cognoscer las varias mociones que en la anima se causan: las buenas para rescibir y las malas para lanzar. Y son más propias de la primera semana - Ejercicios espirituales, Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, santo)

París bien vale una misa (Enrique de Borbón, rey de Francia y de Navarra -Enrique IV-)

Le mieux est l'ennemi du bien -"lo mejor es enemigo de lo bueno"- (Voltaire, filósofo, principal partidario de la tolerancia como principio; significativamente, consideraba como modelo político a Enrique IV "el Grande" -"La Henriade"-, y criticó el fundamentalismo religioso en "Mohamet"; una cita apócrifa que se le atribuye es "estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo", que en realidad es una recreación literaria de uno de sus biógrafos).
La famosa escena del camarote,  en la película
de los hermanos Marx Una noche en la ópera,
representa perfectamente la necesidad de tolerancia
para convivir en un mundo plural, pero también
lo incómodo que es para todos.

Estos son mis principios si no le gustan tengo otros (Groucho Marx, cómico)

Mi lealtad a su persona [la de Franco] y a su obra es totalmente clara y limpia, sin sombra de ningún íntimo condicionamiento ni mácula de reserva mental alguna ("adhesión inquebrantable" de Carrero Blanco, almirante y presidente del gobierno al final del franquismo)

Es fácil, pero inútil, navegar poniendo la vela donde sopla el viento. Lo verdaderamente transformador, aunque difícil, es hacer que sople el viento donde tienes la vela puesta (Julio Anguita, político comunista -es una cita reconstruida por mí a partir de lo que yo recuerdo haberle oído, pero que no encuentro reflejada en ningún medio, al menos en una búsqueda por internet, parece una paráfrasis de Séneca: No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va, sentencia que también tiene su contraria: Cualquier puerto es bueno en una tormenta. También tiene algo que ver con el pasaje evangélico en el que Cristo habla de la búsqueda y de la luz).

Antes partía que doblá (Magdalena Álvarez, ministro del PSOE)


Véase también Colaboracionismo, Ética y política, Verdad, Ideología-Convicción, Interés, Negociación, Fin y medios-Mal menor, Bodin-Politiques, Ilustración-Voltaire, Accidentalismo, Religión y política (cristianismo), Religión y política (islam), Espectro político-Centrismo, Moderantismo, Extremismo, Totalitarismo, Religión y política (cristianismo)-Integrismo cristiano

miércoles, 29 de octubre de 2014

¿Está usted seguro?

Seguridad
Traducción: Eh... ¿esto es un atraco o un
stress test -"prueba de tensión"- corriente?

Si la capacidad de elegir es la base de la libertad, la duda ante la elección (que no deja de ser un duelo anticipado por la pérdida segura de la opción que se descarte en beneficio de otra) se vive como una incertidumbre que puede llegar a ser angustiosa e insoportable. La certeza (es decir, la ausencia de elección y de libertad) proporciona seguridad. Todo ello, antes de considerar siquiera que las elecciones suelen ser entre soportar la injusticia o cometerla (Sócrates, Gorgias). En ambos casos nos sentimos mal (en vez de regodearnos por ser fuertes o listos, tenemos remordimientos por ser malvados; en vez de regocijarnos por ser santos, nos despreciamos por ser tontos o débiles). En muy pocas ocasiones la inseguridad es vivida como una certeza (la certeza de un mal que se nos impone sin posibilidad de opción), porque siempre tenemos opción (por ejemplo, la resistencia aun sabiendo que conduce a la muerte -los atracadores dicen "la bolsa o la vida"-), y de no tenerla, siempre nos autoengañamos (la esperanza -el último mal que quedó en la caja de Pandora-).

La sociedad política se entiende (desde Hobbes, Locke y Rousseau) como un compromiso entre seguridad y libertad. Ambos valores son contradictorios: en un estado de seguridad absoluta no habría margen alguno para permitir a los individuos tomar decisiones; en un estado de libertad absoluta no habría ninguna posibilidad de prevenir las acciones negativas de cada uno de los individuos.
Quien sacrifica su libertad para obtener seguridad no merece ni la una ni la otra
Véase también Paz, Libertad, Violencia, Monopolio de la violencia

Las normas de seguridad ciudadana en Europa (El País)

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran… (Constitución española de 1978).

ὡς ἐλεύθεροι καὶ μὴ ὡς ἐπικάλυμμα ἔχοντες τῆς κακίας τὴν ἐλευθερίαν ἀλλ’ ὡς θεοῦ δοῦλοι (Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios -1 Pedro 2:16-)
Those who would give up Essential Liberty to purchase a little Temporary Safety, deserve neither Liberty nor Safety (Los que renunciarían a la libertad esencial para comprarse una seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad -Benjamin Franklin-)
Give me liberty or give me death (Dadme la libertad o dadme la muerte -Patrick Henry-)
Democracy means to know that when somebody rings at the door of your house in the morning it is the milkman ( La democracia significa saber que cuando alguien llama a la puerta de tu casa de madrugada, es el lechero -Winston Churchill-)

Seguridad como búsqueda de felicidad:

Posiblemente también lo sea la búsqueda de libertad (la que nos empuja al enfrentamiento edípico con nuestro padre, y a salir de casa), pero la búsqueda de seguridad es obviamente un imperativo de raíz biológica, una adaptación evolutiva que compartimos con el resto del mundo animal (pegar la espalda a la pared de la cueva, huir o encogerse con un ruido -algunos se "hacen el muerto"-), lo que explica muchas disfunciones, que actúan como determinismos pavlovianos (los perros que salivan con el ruido de una campanilla). Este neurólogo explica por qué nos altera escuchar música "desafinada" (lo que también, creo yo, explica muchas actitudes "conservadoras": por qué nos altera que nos alteren las condiciones de nuestro puesto de trabajo o que aparezcan en nuestro barrio vecinos con costumbres exóticas -que también dependan de mecanismos culturales, a través de los cuales se canalizan esos temores, o en su caso se inhiban, no niega su raíz fisiológica-).

Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica el desconcierto: "Una parte de nuestro cerebro busca patrones de seguridad. A lo largo de la vida, vamos definiendo qué es para nosotros cantar bien. Y cuando ese patrón no se repite, la sensación es desagradable. El hombre primitivo ya se agarraba a estos patrones para detectar el peligro. Es la misma señal de alerta que le saltaría a alguien que vive aislado de la civilización y de repente aparece en una calle atestada de tráfico". Obviamente, no todos compartimos el mismo patrón de seguridad. Y, como detalla el neurólogo, hay personas más sensibles a una voz desafinada igual que otras son menos tolerantes al desorden de una casa. Pero el origen del rechazo es el mismo: temor. También hay buenas noticias. "Nos acostumbramos rápido a la gente que canta mal. Por ejemplo, a tu pareja: tras escucharlo muchas veces, quizás no llegue a gustarte, pero desaparecerá el repudio", comenta Carlos Tejero. He aquí la razón por la que muchos que entonan de forma desastrosa no parecen darse cuenta de ello: han moldeado el patrón de seguridad... en su propio beneficio. No acatar esta pauta de protección cerebral (una canción que no se ajusta a nuestra idea de corrección, un cuadro torcido que desafía nuestro concepto de la línea recta o un aspecto físico inesperado) afecta a la amígdala cerebral (conjunto de núcleos de neuronas cuyo papel principal es procesar y almacenar reacciones emocionales), provocando una respuesta física que nos conduce al enojo. (Ana Moreno, ¿Qué ocurre en mi cerebro cuando escucho a alguien cantar mal?, El País, 29 de octubre de 2014).

Seguridad jurídica
En gran medida coincide con las garantías del Estado de derecho. Se ha argumentado que la seguridad jurídica que alcanzaron los empresarios ingleses a partir de la Glorious Revolution de 1688 está en la base de la Revolución Industrial.
Isócrates (Aeropagítica, 31-35 -véase también en Democracia-) describe una situación semejante en la idealizada democracia ateniense de la época de Solón y Clístenes:

Administraban sus propios asuntos de manera similar a lo ya mencionado. No sólo estaban de acuerdo en los negocios comunes sino que, respecto a la vida privada, actuaban entre sí con la sensatez que deben tener hombres inteligentes y que tienen una misma patria. Los ciudadanos más pobres estaban tan lejos de envidiar a los más hacendados, que se cuidaban tanto de las casas grandes como de las suyas propias, por pensar que la felicidad de aquéllos les procuraba bienestar. Quienes tenían haciendas no menospreciaban a los que se hallaban en una situación más menesterosa, sino consideraban que era para ellos una vergüenza la pobreza de los ciudadanos y socorrían sus necesidades, confiando a unos terrenos de labor a un alquiler moderado [Los ektémoroi eran arrendatarios obligados a pagar a los propietarios un sexto de la cosecha de ahí su nombre), lo que era realmente moderado, como dice Isócrates -nota del editor-], mandando a otros a comerciar y suministrando a algunos capitales para otros trabajos. Porque no tenían miedo de sufrir ninguna de estas dos cosas: perder todo o recobrar una parte de lo prestado con muchas dificultades. Tenían igual seguridad en lo que habían entregado que en lo que conservaban en su casa. Veían, en efecto, que quienes juzgaban los con- tratos no acudían a la benignidad, sino que obedecían las leyes. Y no se permitían ser injustos en los procesos de otros sino que se indignaban más con los ladrones que los propios perjudicados y pensaban que quienes incumplían los contratos dañaban más a los pobres que a los ricos. Porque estos últimos, aunque renunciaran a reclamar, quedarían privados de unos pocos ingresos, mientras que los pobres, al faltarles sus valedores, quedarían en la miseria más extrema. Con esta manera de pensar ninguno escondía su hacienda ni vacilaba en prestar, pues veía con más agrado a quienes le pedían préstamos que a quienes se los devolvían. Les ocurrían las dos cosas que desean los hombres inteligentes: ayudaban a los ciudadanos y al mismo tiempo hacían productivo su dinero.Y lo más importante de un buen trato mutuo: las adquisiciones eran seguras porque se poseían con justicia y su disfrute era común a todos los ciudadanos necesitados.

domingo, 5 de octubre de 2014

Ilustración / Aufklärung / Enlightenment / Enciclopedia / Luces / Siècle des lumières / Philosophes / Montesquieu / Voltaire / Rousseau / Kant

Goya, un ilustrado muy peculiar,
identifica los "monstruos" despertados
 por el "sueño de la razón".

Kant la define como la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad.

En el mundo germánico, el término es Aufklärung ("esclarecimiento"); en el mundo anglosajón es Enlightenment ("iluminación"), en Francia lumières (''luces").  Es la voluntad de iluminarlo todo con las luces de la razón, que no quede nada a oscuras, sacar a Veritas ("la verdad") del pozo donde se la había encerrado. En España, donde los "alumbrados" eran unos herejes del siglo XVI (humanistas a medio camino entre la tradición castiza de los cristianos nuevos y la importada de los protestantes), no se "iluminó" tanto ("iluminado" es un término con el que se identifca a un loco demasiado convencido de estar en posesión de la verdad, peligroso porque pretende imponerla sin importarle las consecuencias), y significativamente, se optó por "ilustrar", como si hubiera que conformarse con "sacar lustre", "dar brillo" (la Academia tenía como lema "limpia, fija y da esplendor"). Los amotinados de 1766 rompieron todos los "esquilaches" de Madrid (el alumbrado público que el odiado ministro italiano obligaba a mantener a los vecinos, además de prohibirles ir embozados -hoy hubiera prohibido el burka-).  En realidad, la etimología del latín illustrare también incluye el sentido "iluminar" o "sacar a la luz", pero se usa sobre todo para embellecer zapatos o manuscritos.

Los enciclopedistas franceses divulgaron por toda Europa una concepción de la sociedad política fuertemente influenciada por el sistema inglés: separación de poderes (teorizada por Montesquieu), tolerancia (teorizada por Voltaire -que, por otro lado, consideraba ejemplar la ciencia de Newton-) y la teoría del contractualismo social (que Rousseau recoge de Locke).

Los ilustrados pretendían someter a una crítica (enjuiciamiento) radical a todas las ideas e instituciones económicas, sociales y políticas. Eso afectaba a los privilegios estamentales (que consideraban un obstáculo al libre desarrollo del individuo y la sociedad según su novedosa idea de "progreso") o a las creencias religiosas (lo que denominaban "oscurantismo" o "superstición" -écrasez l'infâme, Voltaire-); obviamente también a la monarquía absoluta (sustentada en ambas), con lo que su posición ante el poder era delicada. Tales ideas eran objetivamente una ideología destinada a subvertir el Antiguo Régimen y defender los "valores burgueses". A pesar de ello, los ilustrados eran habitualmente miembros de los estamentos privilegiados y protegidos por los reyes, conscientes o no de tal contradicción (Todo para el pueblo, pero sin el pueblo). Kant plantea una imagen de un filósofo aparentemente inofensivo, calentándose ante el fuego (que también hizo Descartes), en una relación dialéctica, ambivalente, con el orden establecido (en cierto modo similar a las anécdotas de Diógenes -cuando pidió a Alejandro que no le tapara el sol y cuando debatió con Aristipo si era más humillante adular al poderoso o comer lechugas-).

El planteamiento optimista de la Ilustración es una confianza en el ser humano (optimismo antropológico), que está en la base de los planteamientos reformistas, especialmente en educación (el planteamiento de los enciclopedistas, como el del método científico de Bacon, era tremendamente ingenuo y optimista: aplicada la razón sin trabas en poco tiempo el hombre sería capaz de entender la naturaleza y dominarla -demonio de Lagrange-, lo que también significaría llegar a entender y dominarse a sí mismo). Enfrentado a la revolución, el ilustrado se debate entre el idealismo (o coherencia intelectual) que lleva al radicalismo, y el pragmatismo (Goethe: prefiero la injusticia al desorden) que lleva al lampedusianismo.

http://www.alcoberro.info/planes/montesquieu.htm
Véase también Despotismo-Despotismo ilustrado, Filosofía y política, Educación y política, Ética y política, Religión y política, Liberalismo, Revolución francesa, Revolución inglesa, Americano-Revolución americana, Constitución, Capitalismo, Tolerancia, Progreso, Civilización-Buen salvaje, Poder, Moderado-Lampedusiano

sábado, 20 de septiembre de 2014

¡Qué felices seremos los dos... viviendo en mi casita de papel!


Felicidad
El fin de la política, desde el punto de vista utilitarista (Bentham: la mayor felicidad para el mayor número). Si no me equivoco, desde el punto de vista hedonista se identifica con el placer; y así lo entiende Adam Smith (Teoría de los sentimientos morales). En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (1776) se consideran derechos inalienables e inherentes a la condición igualitaria de los hombres: "vida, libertad y búsqueda de la felicidad". Así entendida, la felicidad no debe garantizarse por el Estado, sino que debe ser permitida en su búsqueda, es decir, no obstaculizada. Pongamos un ejemplo: la alimentación o el sexo proporcionan felicidad (o placer) ¿Debe el estado obligar a los ciudadanos a ser felices, obligándoles a comer lo que más les conviene y forzándoles a prácticas sexuales hasta que obtengan el orgasmo? Obviamente, eso sería una dictadura (podría utilizarse el nombre del "Comité de Salud Pública" de la Francia del Terror -1793-); lo que debe es establecer las condiciones que permitan a los ciudadanos acceder por sí mismos a los alimentos y al sexo a la medida de sus necesidades y deseos, y en razón de las circunstancias. No es tan fácil ¿cómo respondemos a una situación de escasez o de acaparamiento? ¿confiamos en el libre mercado o establecemos el racionamiento? ¿permitimos la sumisión? ¿prohibimos la prostitución?

Escolásticamente se distinguía la felicidad subjetiva y la felicidad objetiva, en ambos casos especulando con la idea del bien (un absoluto, como la idea de la belleza o la idea de la verdad).

En general es la satisfacción o gozo que se experimenta por la posesión del objeto amado. Se divide en felicidad objetiva, que es el mismo bien que nos hace bienaventurados; y subjetiva, que es la posesión de dicho bien, o sea la operación de la criatura racional por medio de la cual descansa plenamente en la posesión de aquel bien. Acerca de la felicidad subjetiva no puede haber dificultad alguna, fuera de las cuestiones teológicas acerca del acto en que consiste la felicidad formal, que también así se llama, y que encierra los tres actos de visión, gozo y amor.
Respecto a la felicidad objetiva, ha habido tal diversidad de opiniones entre los teólogos y filósofos, que según San Agustín, podían contarse más de doscientas ochenta sentencias acerca de este punto, aunque es cierto que todas podían reducirse a pocas. Si se trata de la felicidad sobre-natural, claro es que ésta sólo podía consistir en la unión con Dios, como el objeto esencial de toda felicidad para la criatura racional. Pero los antiguos filósofos no comprendieron esta verdad y divagaron lastimosamente. Si se trata de la felicidad natural o terrena, todas las opiniones podían reducirse a cinco, que son las que la hacían consistir en los deleites, en las riquezas, en el poder, en los honores o en la fama, o sea, la gloria.
Fuera de estos bienes, que sólo merecen este nombre en apariencia, no se halla en la tierra algún otro objeto que pueda causar la felicidad (Diccionario de ciencias eclesiásticas, 1886).

Hay que distinguir entre una felicidad subjetiva y una felicidad objetiva. Aquella es una experiencia personal, ésta es la objetivación de las condiciones que la hacen posible. De aquella se ocupa la psicología. De ésta se ocupa la ética (Jose Antonio Marina, En busca de una definicion de inteligencia).

Más terrenalmente, debiéramos equiparar la felicidad objetiva con la dignidad; puesto que la felicidad puede conseguirse reduciendo al ser humano a condiciones inaceptables (la opresiva sociedad que imagina  Aldous Huxley en su distopía Brave New World, que se tradujo al castellano como Un mundo feliz -al francés como Le Meilleur des mondes, al alemán como Schöne neue Welt, o sea, el mejor bello, respectivamente-). Si imponemos una manera de obtener la felicidad, incluso en el caso de tener éxito (cosa improbable) lo que estaríamos consiguiendo es una sociedad de esclavos felices o de súbditos felices de un déspota ilustrado (el que ha definido esa manera de obtenerla).

Curiosamente, para los griegos, la felicidad estaba en una relación dialéctica con la vida política:

La búsqueda de la felicidad (eudaimonía), que ya movía a los antiguos y era el constitutivo ético final de Sócrates, consistía para los cínicos en la libertad entendida como liberación, como independencia (autarkía). Ésta era la única forma de vida digna del hombre, la única que merecía la pena dado el carácter radicalmente imperfecto de cualquier forma civilizada posible: los logros de la civilización no hacen sino corromper y debilitar al hombre, volviéndolo cada vez más dependiente de lo externo, menos dueño de sí mismo. Si la ciudad era el producto de la necesidad que unos miembros tenían de los otros, porque "el que nada necesita es una fiera o un dios" (Aristóteles, Pol. 1253ª 29), el cínico rompe con la ciudad, se hace "cosmopolita". A Diógenes le gustaba proclamarse: "Sin ciudad, sin hogar, carente de patria, un mendigo y un vagabundo que vive al día" (D.L. 6, 38) y, también, "ciudadano del universo" (D.L. 6, 63). Pero no tanto un ciudadano de no importa qué ciudad, sino en un no-ciudadano, es decir, una vida de exilio sin hogar (D.L. 6, 38). Por eso proponen vivir sin atadura social alguna: la libertad respecto de lo que no es esencial, constituye una condición previa. El cosmopolitismo cínico implica, por tanto, una actitud positiva hacia el mundo natural y sus riquezas como opuestas al mundo de la polis, una actitud positiva hacia el mundo animal. El animal y dios constituían respectivamente el modelo de autosuficiencia e indiferencia y por consiguiente de felicidad. Si los dioses son los que no necesitan nada, los que necesitan muy poco son los que más se les parecerán, y estos son los animales, que tienen pocas necesidades. Sócrates había dicho que "el que está muy cerca de los dioses necesita muy poco" (D.L. 2, 27; Jenofonte, Mem. 1, 6, 10), pero el cínico acentúa más esta diferencia: "Dijo [Diógenes] que la cualidad de los dioses es no necesitar nada, y quienes más se les parecen precisan de muy poco" (D.L. 6, 105). El cinismo invierte totalmente la tradicional jerarquía de los seres, la serie animal-hombre-dios, y la transforma en hombre-animal-dios. Con esta inversión de la jerarquía subrayan, más si cabe, no sólo su no-ciudadanía sino también su posición ante la religión. (Filósofos disidentes, El humor en la Antigua Grecia - El cinismo o la transmutación de los valores)

Si mi felicidad supone obligar a otro que no sea yo a que haga algo (sea por mi bien, o sea por el suyo), tal cosa no es una felicidad que yo legítimamente deba esperar que se me proporcione por la comunidad política; ahora bien, no debe impedírseme a mí hacer algo que me proporciona felicidad (porque yo lo juzgo mi bien, incluso aunque otros no lo juzguen así). Si en ese acto causo daño a otros, entonces el conflicto ha de superarse mediante la regulación de la convivencia, si ese daño causado supone a esos otros una pérdida de felicidad que legítimamente debían esperar que se les proporcionara por la comunidad política. Puestos en términos grupales: establecidas agrupaciones por afinidad en la búsqueda de felicidad (partidos políticos que canalizan demandas sociales contrapuestas), se establece un sistema político que evite que el enfrentamiento político degenere en guerra civil. La superioridad de la democracia sobre el totalitarismo es precisamente que no proporciona a nadie la felicidad total, sino que mantiene a todos parcialmente insatisfechos. El totalitarismo pretende conseguir la perfección, la felicidad total (siguiendo la idea de bien, belleza y verdad un líder que se identifica con la nación y el Estado).

Los sueños y las urnas Una sociedad es democráticamente madura cuando ha asimilado la experiencia de que la política es siempre decepcionante. La política es inseparable de la disposición al compromiso y de la frustración DANIEL INNERARITY 29/10/2011

El tanto por ciento JORGE EDWARDS 27/10/2011

Véase también Estado-Estado del bienestar, Sentimiento, Colaboración-Hedonismo

domingo, 14 de septiembre de 2014

Todo derecho, al fondo y a la izquierda

Espectro político / Izquierda - Derecha / Extremismo - Centrismo


Flanders es un zurdo "de derechas"
Convención que permite situar ideologías, movimientos y regímenes políticos por comparación a otros. La izquierda se identifica con el progresismo y la derecha con el conservadurismo. El espectro político es esencialmente dinámico, es decir, histórico: cambia en el tiempo. Las propuestas de la izquierda en 1789 eran el programa de la Revolución francesa ("Libertad, Igualdad y Fraternidad"), que incluía el gobierno representativo y la propiedad privada, mientras que las propuestas de la izquierda en 1917 eran la colectivización de los medios de producción y el ejercicio del poder por los soviets. La burguesía pasa de ser una clase revolucionaria en la "Era de la Revolución" (1776-1848) a ser una clase conservadora a partir de la "Era del Capital" y, sobre todo, de la "Era del Imperio" (títulos de las obras de Hobsbawm, los conceptos "burguesía revolucionaria" y "burguesía conservadora" son del plan editorial de la Historia de España dirigida por Domínguez Ortiz, con volúmenes encargados respectivamente por Artola y Martínez Cuadrado).
De la misma manera que "la revolución devora a sus hijos" (los que ayer eran izquierda son considerados derecha por la izquierda-más a la izquierda surgida en cuanto la izquierda ha llegado al poder), se produce un desplazamiento del espectro político hacia la izquierda (equivalente al "desplazamiento hacia el rojo" que se produce en el ámbito astronómico, aducido como prueba de la expansión del universo). Los valores antes considerados "de izquierda" pasan a ser aceptados también por la derecha, y el debate político pasa a ejercerse sobre otros valores. Casos evidentes son los conceptos "propiedad" o "nación".
No es siempre tan evidente, dado que también se suele considerar que, en la actualidad, la izquierda se identifica con la "igualdad" y la derecha con la "libertad", identificándose la oposición de ambos valores con la oposición de los conceptos "Estado" y "mercado" (que en el siglo XVIII serían, obviamente asociados de forma totalmente opuesta en el espectro izquierda-derecha).

Estatua de Guzmán el Bueno en León,
de Aniceto Marinas
Joaquín Sabina,
de pirata tuerto
Utilizando para esta comparación los cuatro valores superiores del ordenamiento jurídico según la Constitución Española (la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político), podría decirse que, puestos en la tesitura de tener que escoger, una persona o partido de izquierdas, frente a una persona o partido de derechas, elegiría la igualdad sobre la libertad (o mejor dicho, entendería la libertad como igualdad -que cada uno haga su propia voluntad y no lo que es debido- ¿autonomía?) y el pluralismo sobre la justicia (o mejor dicho, entendería la justicia como pluralismo -que se trate de forma distinta a los que son distintos y no de forma ciega- ¿relativismo?) Por poner un ejemplo: el pirata de La canción del pirata de Espronceda, sería un héroe de izquierdas; mientras que Guzmán el Bueno (el que no rindió Tarifa a pesar de la amenaza de matar a su hijo, sino que arrojó desde las almenas su propio puñal para que cumplieran la amenaza) sería un héroe de derechas. Entre ambos extremos heroicos (el heroísmo es buscar el bien más allá de lo exigible) está la virtud de la prudencia (virtud política por antonomasia), que también puede verse como defecto (moderantismo, "pasteleo", centrismo).



Una disección de los conceptos de izquierda y derecha, de Gabriel Albiac, un tanto difícil de leer (No estamos haciendo análisis ya. Sí, disección. Hablamos de un muerto. Porque también las palabras mueren. Aun cuando pueda hacerse trinchera con sus cadáveres: Las palabras: esa pesada línea Maginot del pensamiento -La izquierda, anacrónica metáfora-).

¿De izquierdas o de derechas? - Medio centenar de personajes, lugares, eventos y situaciones que pueden ubicarse a un lado o al otro del espectro ideológico (Iñaki Berazaluce, Strambotic, Publico, 15 de septiembre de 2014).

¿Es Ciudadanos de derechas? - Su programa económico persigue un mercado eficiente que busca facilitar la igualdad social (El País, 11 de marzo de 2015).

Eduardo Porter, Liberal Biases, Too, May Block Progress on Climate Change, NYT, 19 de abril de 2016.

Francesc de Carreras, Adversarios y enemigos (El País, 29 de marzo de 2016).

Véase también Ideología, Movimiento político, Régimen político, Tercera vía-Tercera posición, Moderado, Radical, Conservadurismo-Conservador, Progreso-Progresista, Fascismo, Movimiento obrero, Demagogia-Populismo
http://estoylocomasquenadie.blogspot.com.es/2011/10/mi-political-compass.html


martes, 9 de septiembre de 2014

El casado casa quiere

Casa / Morada / Hogar / Lar / Vivienda / Domicilio / Domesticación


La casa es la unidad básica de la sociedad, más aún que la propia familia. Los caseríos vascos imponían su denominación a las familias que los habitaban, y no al revés.

"Morada" comparte etimología con "moral" y "costumbre" (mos-moris).

La genial casa de Francisco Ibáñez, desde 1961
La domesticación es la "doma", la conversión de lo salvaje en lo doméstico (lo propio de la domus, la casa). El hombre que vive en una casa ya es un hombre domesticado, que se atiene a las normas sociales, que entiende lo que es "mío y tuyo", y dentro de su casa entiende las diferencias entre "arriba y abajo" (espléndida serie de televisión  inglesa -de criados y señores victorianos, similar a Downton Abbey- que se puede contrastar con la visión de la vida de los vecinos en el bloque de viviendas 13 Rue del Percebe). La promiscuidad social del Antiguo Régimen fue terminándose cuando la sociedad burguesa puso a "cada uno en su sitio" (Foucault, Vigilar y Castigar), pero todavía se vivía bajo el mismo tejado en las casas de cinco plantas del ensanche, con el principal para los más ricos y las buhardillas para los más pobres. Para que terminara la división vertical de la jerarquía de los pisos y comenzara la división horizontal en la jerarquía de los barrios hubo que esperar a la electrificación, que garantizó la movilidad espacial horizontal y vertical  (tranvía y ascensor).

"Domésticos" son los "sirvientes" (la "servidumbre" o "el servicio"), esa clase especial de esclavos (servus, ancilla) "criados" en la casa del amo, que sirven a la familia del propietario (el paterfamilias) en su hogar, y a los que se trata con tanta familiaridad que se consideran "familia ancilar". Delincuencia ancilar es la que realizan, por resentimiento social, esos domésticos "criados" en casa del amo (Raúl De La Grasserie).

Casa vikinga de Fyrkat (Dinamarca)

La casa se define ancestralmente por el fuego (hogar, lar), que debe estar siempre encendido, porque cuesta trabajo encender, y sirve de alumbrado, calefacción, cocina y defensa. Tanto la tienda de campaña beduina como el megaron micénico, el comitius romano y el hall germánico son casas comunales ("la casa de todos", que es como se llama hoy a los parlamentos -en Inglaterra aún divididos por estamentos, "Casa de los Lores" y "Casa de los Comunes"-). El templo es la casa del dios. El palacio es la casa del rey (per-a, "la casa grande", dio nombre a la institución egipcia, por la que la Biblia denominó a Faraón). Las familias artistocráticas se definen como "casas". Su lugar de origen es su casa solariega o solar.

Como domicilio, su inviolabilidad se define como un derecho civil o político, de los llamados de primera generación.

Como vivienda, se define como un derecho social, de los llamados de segunda generación.

La casa de un hombre es su castillo (The little house in the praire -"La casa de la pradera", la cabaña de troncos con la que se conquistó el oeste-).

"El casado casa quiere", porque mientras esté en la casa de su padre, dependerá de él. Establecer tu propia casa te convierte en "padre" o "cabeza de familia" (paterfamilias). Para los romanos, el título de mayor rango era el de los patres o patricios. Dentro de su casa, el paterfamilias tiene pleno poder y responsabilidad (patria potestas, es juez, sacerdote, médico, suministrador de comida y vestido -administra literalmente la vida y la muerte-) sobre todos los de "su casa" (mujer -una en la monogámica Roma, en sociedades poligámicas, las que fueren-, hijos -de cualquier edad-, esclavos, siervos, criados, clientes). Tiene incluso el poder de reconocer como propio al niño nacido en su casa, levantándolo del suelo donde deben depositarlo. Si no lo hace, deben sacarlo fuera de casa, donde cualquiera puede adoptarlo, llevándoselo a su propia casa (también se adoptaban adultos, mediante una ficción jurídica).

Cuando un joven se casa y forma una nueva familia se "emancipa" (algo equivalente a manumitir un esclavo), para lo que tiene que convertirse a su vez en amo de un esclavo: la que será su mujer ("con la pata quebrada y en casa" -el espacio de la mujer, gineceo-). ¿Cómo se consigue una mujer para fundar una casa? Hay que quitársela a su amo previo, habitualmente el padre de la novia, el futuro suegro. Son muy habituales los rituales de rapto de la novia, o su equivalente: la compra. Las costumbres civilizadas implican la negociación amistosa de intercambios recíprocos de jóvenes de ambos sexos, que se intercambian entre dos "casas", de un modo idéntico a los intercambios de regalos de similar valor (o comercio) y los pactos de hospitalidad ("mi casa es tu casa") que superan el nivel biológico de las hordas y construyen las sociedades basadas en lazos políticos, no meramente sanguíneos (la costumbre de la hospitalidad, casi universal en todo tipo de sociedades, consiste en acoger en la propia casa al extraño que no se toma por enemigo, y es el origen de vínculos sociopolíticos más complejos, que permiten considerar como "semejante" al que de otra manera tomaríamos por "ajeno": "al hijo de tu vecina, sácale los mocos y métele en tu cocina"; a ello se suma el compadrazgo: la costumbre de apadrinar al hijo del amigo, y que éste apadrine al tuyo, otro vínculo social que supone una ficción biológica, un parentesco artificial). Las casas se convirtieron en algo mestizo y multicultural, por las nuevas costumbres que traen las hijas de otras familias, para escándalo de las suegras. Pero cuidado: la novia que entre en casa de su suegra "sin nada", lo pasará mal. Así se explica que culturalmente se seleccione la costumbre de la dote, con la que la novia es bien recibida en la casa de los padres de su novio.

En algunas sociedades, que la antropología cultural denomina "matrilineales" (antes, impropiamente, se denominaban "matriarcales", por oposición a las que se denominaban "patriarcales"), son los novios los que salen de la casa de su madre para entrar en la casa de la madre de su novia. Las mujeres no salen del hogar, y es en su nombre que hay que gestionar lo que en otras culturas se llama "patrimonio" (en estas ¿habría que llamarlo "matrimonio"?), o incluso lo gestionan ellas mismas, porque los hombres, con menos lazos con la casa, son más proclives a salir en expediciones y pasar largos meses fuera.

En las sociedades ganaderas nómadas, el tamaño de la casa es el de la familia extensa: un grupo de tiendas. La individualización de cada tienda permite ajustarse a la dinámica del surgimiento de nuevas unidades, y facilita la división y expansión. En las sociedades agrícolas aldeanas, la casa es más estable, pero puede ampliarse, acogiendo varias generaciones. Cuando el paisaje permite el hábitat disperso (se necesita un acceso fácil al agua) se estimula la familia nuclear.


Véase también Palacio, Asamblea-Hall, Parlamento, Templo, Castillo, Cliente-Hospitalidad, Ciudadano-Sumisión, Familia, Matriarcado-Patriarcado-Paterfamilias

miércoles, 23 de julio de 2014

Gracia y Justicia

Justicia / Injusticia / Diké / Themis / Iustitia / Statu quo ante / Venganza / Vindicta / Vendetta / Duelo / Riepto / Parajáraxis / Juicio / Juicio justo / Proceso judicial / Garantías procesales / Habeas corpus / In dubio pro reo / Presunción de inocencia / Prueba diabólica / Derecho / Poder judicial / Judicatura / Juez / Jurado / Tribunal / Fiscal / Abogacía / Letrado / Nomos / Ley / Legislativo / Poder legislativo / Parlamentarismo / Parlamento / Cortes / Estados Generales / Duma / Dieta / Tag / Poder legislativo / Parlamentarismo inglés / Parlamentarismo español / Reglamento / Legalidad / Lícito / Ilegalidad / Ilícito / Delito / Crimen / Ofensa / Injuria / Tortura / Inquisición
El juicio de Salomón, de Jean-Baptiste Wicar

Esta fué una de las maravillas que Dios obró en este misterio; porque la misericordia y la justicia pedian cosas contrarias. La misericordia pedia que perdonase Dios al hombre, y la justicia que lo castigase.
(Fray Luis de Granada, Del símbolo de la fe).

Pareciera que "hacer justicia" hubiera de ser siempre "ajusticiar", dado que el símbolo de la justicia es el palo, la espada, la picota donde se cuelgan y exhiben los condenados. Pero no siempre es así. También su símbolo es la balanza, la búsqueda prudente del equilibrio. Se la pinta ciega para que no tenga en cuenta a quién se aplica, pero bien que pesa y sopesa todo tipo de consideraciones; a veces se demora tanto que se desvirtúa, puesto que "justicia a destiempo ya no es justicia".

Gracia y Justicia (además de una revista satírica precedente de La Codorniz) era el nombre de uno de los departamentos ministeriales más antiguos, el que correspondía a esa doble capacidad del rey, intrínseca del poder que le viene de Dios: castigar y perdonar; que sólo por tener capacidad de hacer cualquiera de las dos cosas es realmente poderoso, puesto que si sólo pudiera hacer una de las dos cosas, necesariamente, no tendría poder ninguno y podría ser sustituido por un mecanismo automático. Los argumentos utilizados en la polémica actual sobre el uso discreccional (gratuito, inmotivable) de la capacidad gubernativa de indultar a reos condenados no deberían olvidar su origen.

La justicia es una de las ideas platónicas, una de las capacidades psicológicas presuntamente innatas en el ser humano que permiten entender los conceptos morales de algún modo universales en lo básico (desde niños percibimos y sentimos, nos duelen, las vulneraciones de la justicia como una ofensa, una una herida física -injuria, iniuria-). Mantiene una dialéctica relación con otra de las ideas platónicas: la de bien.

La justicia también es uno de los valores constitucionales.
La estatua de Themis presidía
 la Stoa basileios de Atenas

La divinidad griega Diké (correspondiente a las latinas Iustitia o Astrea) es una de las tres horas, hijas de la coyunda de Zeus con la titánide Themis ("la que pone las cosas en su sitio", quien también puede identificarse con la romana Iustitia). Las otras son Eunomia (Disciplina) e Irene (Pax). En una genealogía alternativa, Diké es hija de Nomos (el daimon de las leyes) y Eusebia (Pietas). La distinción entre la naturaleza (physis) y lo convencional (nomos) es uno de los temas principales de la filosofía griega; por ejemplo, en la leyenda del Anillo de Gyges (Platón, La República -en la que se plantea que, por naturaleza, los hombres solo obramos justamente si sabemos que nuestros actos van a ser juzgados, ya que si fuéramos invisibles, satisfaríamos todos nuestros deseos sin considerar lo justo o injusto que nuestras acciones serían para otros-), o en la misión que se autoimpuso Diógenes de Sinope (parajáraxis -palabra que significa tanto "falsificar la moneda" como "cambiar la constitución"-).
http://es.wikipedia.org/wiki/Nomos

Existe la justicia poética (la que hace que al final de todas las historias de ficción ganen los buenos), la divina, la humana, la legal, la conmutativa, la distributiva, la vindicativa...
Carátula de El padrino, la mejor reconstrucción artística
de los mecanismos mafiosos de poder
(clientelismo, honor, vendetta, omertá)

La venganza privada y familiar es la más primitiva forma de justicia, pretende el restablecimiento de un statu quo ante que alguien (una "parte") percibe como afectado por la acción de otro (la "parte contraria"); aunque lo importante no es el hecho justiciable, en realidad lo que desencadena ese deseo de restitución es siempre algo imaginado (ideológico o psico-patológico): la frustración por el incumplimiento de un deseo (en esencia, una carencia de poder, porque el poder es la capacidad de transformar la realidad conforme a nuestros deseos) y la fobia a la novedad. El establecimiento del Estado, que se arroga el monopolio de la violencia, impidiendo la ejecución de las venganzas particulares (no solo las vendettas familiares, sino el duelo o el riepto), la sustituye por la vindicta publica. Cuando todavía las venganzas privadas vinculadas al concepto de honor propio del Antiguo Régimen estaban socialmente vigentes (el duelo era popular, aunque prohibido, hasta finales del siglo XIX), las consecuencias sociales de la Revolución industrial dieron origen al concepto de "justicia social", entendido de forma diferente por el movimiento obrero y distintas respuestas de los poderes tradicionales y nuevas concepciones políticas (doctrina social de la iglesia, Estado social, fascismo, Estado del bienestar...)

P. ¿Qué es justicia? R. Que es: Constans, & perpetua voluntas ius suum unicuique tribuendi [la permanente y constante voluntad de atribuirle a cada uno su derecho -véase aquí la traducción-]. Esta definición que es de Ulpiano está comúnmente recibida, así de los Juristas, como de los Teólogos. Mas hablando teológicamente, la justicia es: Habitus, secundum quem aliquis constanti, & perpetua voluntate ius suum unicuique tribuit ad aequalitatem. Así los Teólogos con S. Tom. 2. 2. q. 58 art. 1. ...
P. ¿De cuántas maneras es la justicia? R. Que de tres; es a saber; conmutativa, distributiva, y legal. La conmutativa es entre dos partes. [474] La distributiva, se deriva del todo a las partes. Y la legal se termina en las partes al todo. Ésta reside principalmente en el Príncipe, y menos principalmente en los súbditos. La distributiva se halla principalmente en los Superiores, que tienen bienes que distribuir, y menos principalmente en los inferiores, en cuanto se conforman con la distribución hecha por el Superior. La conmutativa se halla entre las partes de una comunidad; esto es: en un ciudadano respecto de otro. Véase S. Tom. 2. 2. q. 58. art. 12. (Marcos de Santa Teresa,  Compendio moral salmaticense Tratado diez y ocho. Del séptimo y décimo precepto del Decálogo Capítulo primero. De la justicia y del derecho - Naturaleza, y división de la Justicia, 1805) Véase también Explícase la justicia legal, distributiva, y conmutativa.
Estela de Hammurabi, con su Código

No obstante, también se dice que el propósito del derecho no es la justicia, sino la pervivencia de la sociedad. ¿No será más bien la pervivencia del Estado, el poder garantizando su propia supervivencia?, un instinto de conservación que lleva al conservadurismo ("prefiero la injusticia al desorden" -Goethe-). ¿No será -alternativamente- conseguir el mayor bien común?, lo que lleva al oportunismo revolucionario ("castigar a los opresores de la libertad es clemencia, perdonarlos es barbarie" -Robespierre, popularizado recientemente por Pablo Iglesias-). La perspectiva en ambos casos es consecuencialista: a la pregunta ¿fines o medios? contesta "fines"; a la pregunta ¿resultados o procedimientos? contesta "resultados"; a la pregunta ¿jogo bonito o catenaccio? contesta como Deng Xiao Ping "gato blanco o gato negro, no importa mientras cace ratones".

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran… (Preámbulo de la Constitución española).

JUSTICIA  –  BIEN COMÚN

Νόμος Βασιλεύς (Mi rey es la ley)
Fiat iustitia et pereat mundus (Hágase la justicia y perezca el mundo)
Fiat iustitia, pereat lex; pereat iustitia, fiat lex (Hágase la justicia, perezca la ley; perezca la justicia, cúmplase la ley -expresada como opción entre dos términos absolutos-)
Dura lex, sed lex (La ley es dura, pero es la ley)
τὰ Καίσαρος ἀπόδοτε Καίσαρι καὶ τὰ τοῦ θεοῦ τῷ θεῷ (Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios -Marcos, 12:17, puesto en boca de Jesucristo-)
Ich will lieber eine Ungerechtigkeit begehen als Unordnung ertragen (Prefiero cometer una injusticia antes que soportar el desorden -Goethe-)
Perezca la Ley, para que la República se salve (jacobinos)
Leyes de Gortina, de época arcaica (siglo VI a. C.),
 inscritas en piedra en estilo bustrofedon
a mediados del siglo V a. C.

La expresión de la justicia es la ley (nomos, lex). Las leyes pueden ser fruto de los usos y costumbres (derecho consuetudinario), que se amplían por las decisiones que los jueces toman en casos concretos, y que a partir de entonces se utilizan como precedentes aplicables en casos similares (jurisprudencia). También pueden ser entendidas como emanación de la voluntad del poder. Con la invención de la escritura, la fijación de las leyes como derecho escrito aumentó de tal forma su prestigio sacral que "estar escrito en letras de bronce" (como la de las Doce Tablas de la Roma primitiva) o "sobre mármol" (el Código de Hammurabi lo estaba sobre una materia aún más noble, la obsidiana -junto al texto, se esculpe al rey recibiendo la ley del dios la ley y los símbolos del poder), pasaba a ser sinónimo de inmutabilidad y cumplimiento necesario. La identificación de "ley" y "religión" era completa ("ley de moisés", "ley de Cristo", "ley de Mahoma"). Los griegos tampoco tenían un concepto contractual o convencional de las leyes, no concebían que éstas pudieran alterarse según su conveniencia o por transacción de intereses entre los grupos que forman la polis. La ley es un ideal al que los hombres sólo podemos aspirar a acercarnos, y la alteración de la ley (parajáraxis), la introducción de novedades, sería el mayor de los delitos; aunque sí se acepta que en ocasiones excepcionales algunos hombres "inspirados" puedan "dar leyes": los legisladores (nomothetas). Es Roma la que atribuye con más claridad las funciones legislativas a la asamblea representativa (el senado) o al gobernante absoluto (el emperador, al que se aplica el principio princeps legibus solutus -"el príncipe no está sujeto a la ley"-, inicialmente un concepto similar al de la moderna inmunidad parlamentaria o presidencial -no obstaculizar el ejercicio del poder con pleitos durante el tiempo del mandato-, pero que la recepción del derecho romano en la Baja Edad Media convirtió en una fuerte palanca para el "absolutismo regio" -que la voluntad del rey sea la ley-). La relación entre "rey y reino" se estableció en las cámaras representativas de los estamentos (Cortes en España, Estados Generales en Francia, Parlamento en Inglaterra). Las revoluciones burguesas tuvieron como ámbito institucional prioritario la prioridad de esa asamblea representativa (convertida en "poder legislativo") sobre cualquier otro poder. El parlamento inglés todo lo puede hacer, menos de un hombre una mujer.

Haced vosotros las leyes y dejadme a mí hacer los reglamentos (conde de Romanones).

La consideración qué conductas, consideradas socialmente negativas, deben ser perseguidas judicialmente y mediante qué procedimientos, es vital políticamente, puesto que así (de forma negativa, por exclusión) se establece el espacio de la vida pública y el campo de la marginalidad y la exclusión o disidencia. En caso extremo se establece un sistema judicial opresivo que coincide con la sociedad misma, que vigila y castiga con sus usos antes incluso que intervengan las instituciones: la inquisición (un tribunal que juzga delitos-pecados), la autocrítica estalinista (que convierte a uno mismo en su propio juez) o el maccarthismo ¿Deben juzgarse las intenciones y castigarse las opiniones? ¿El hereje debe ser castigado? ¿Debe averiguarse la verdad jurídica con la tortura?

De los delitos y las penas -Dei delitti e delle pene-, Cesare Beccaria, 1764 (crítica ilustrada a la tortura).
Vivir en una casa de cristal es virtud revolucionaria por excelencia. (Walter Benjamin, citando a los surrealistas -probablemente, a André Breton-).

Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión -Surveiller et Punir: Naissance de la prison-, Michel Foucault, 1975.

https://es.wikipedia.org/wiki/Cortes_(Antiguo_R%C3%A9gimen)
https://es.wikipedia.org/wiki/Parlamentarismo_espa%C3%B1ol
http://es.wikipedia.org/wiki/Letrado

Véase también Libertad, Seguridad, Igualdad-Equidad, Legitimidad, Comunidad-Bien común, Sentimientos-Pecado-Culpa, Poder, Poder-Separación de poderes, Derechos, Constitución, Codificación legislativa, Norma-Regla, Usos y costumbres-Jurisprudencia, Escritura-Derecho escrito, Congreso, Senado, Antiguo-Novedad, Ilustración-Montesquieu-Espíritu de las leyes, Verdad-Testigo, Religión y política

domingo, 6 de julio de 2014

Democracia, democracia, democracia

Democracia / Democracia ateniense / Democracia concejil / Democracia ginebrina / Democracia burguesa / Democracia liberal / Democracia formal / Democracia real / Democracia representativa / Democracia directa / Democracia asamblearia / Democracia participativa / Democracia social / Democracia electrónica / Calidad de la democracia

Democracia es el sistema político en el que el pueblo (demos) ejerce el poder (cratos). Si el poder es la capacidad de convertir los deseos en realidad, democracia sería el sistema en el que se cumplen los deseos del pueblo (la voluntad popular, teóricamente identificada con los intereses generales); pero no bastaría con eso, puesto que tal cosa sería también el propósito del despotismo ilustrado ("todo por el pueblo" -como el déspota ilustrado sabe lo que interesa al pueblo, no le deja al pueblo decidir y equivocarse, sino que se lo impone y le educa- "pero sin el pueblo").

Para que un sistema sea democrático son más importantes los métodos o procedimientos (métodos democráticos, procedimientos democráticos) que los propósitos y los resultados (como en la ciencia -"más cómo y menos por qué"-): el poder no debe ser ejercido en nombre del pueblo por un dirigente o por una élite, por muy bienintencionados y eficaces que sean (tecnocracia, aristocracia filosófica de Platón, teocracias), sino que debe haber una clara participación popular en el poder. Tal participación ha de partir del reconocimiento de la esencia popular en el origen del poder (expresado en el concepto de la soberanía nacional residiendo en el pueblo -soberanía popular-) y prolongarse en mecanismos efectivos de control popular sobre el ejercicio del poder (principalmente, pero no únicamente, la elección y renovación de los cargos públicos). Los procedimientos democráticos son lo que se denomina "democracia formal"; mientras que el contenido de la democracia se identifica con los principios o valores democráticos, especialmente dos: la libertad y la igualdad. No todas las constituciones tienen una declaración de intenciones u obetivos; en el preámbulo de la española de 1978 se expresan así: La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran; en el de la española de 1812: el grande objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la Nación; en la de los Estados Unidos de 1787: Nosotros, el pueblo de lo los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer para la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra posteridad los beneficios de la Libertad; el lema revolucionario francés, incorporado a las constituciones francesas desde 1946 es: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

La adjetivación de la democracia suele ser consecuencia de su carencia: "democracia popular" -bloque soviético-, "democracia orgánica" -franquismo-). La "calidad de la democracia" y su medición son un concepto de reciente aparición, que se vincula a la denominada "transparencia". Por otro lado, la imposibilidad de dar una definición fija de democracia, puesto que "las cosas que admiten definición exacta es porque no tienen historia", obliga a adjetivarla (Fernando Savater Tribulaciones democráticas - Los movimientos separatistas son antieuropeos, aunque digan lo contrario).

La Atenas del  siglo V a. C., la Castilla del siglo X, la Ginebra del siglo XVIII, las comunas del socialismo utópico del siglo XIX o de los hippies del siglo XX, se han puesto como ejemplos de democracia directa o asamblearia, en la que cada decisión se toma por la totalidad de los que tienen voz y voto en una asamblea o concejo abierto. Los Estados Unidos del siglo XIX se han puesto como ejemplos de la democracia puesta en práctica a la amplia escala de un Estado-nación (democracia jeffersoniana, democracia jacksoniana), en las que las formas asamblearias, que funcionan a nivel local (consejos escolares, municipales) conviven con otras formas de ejercicio del poder por el sujeto de la soberanía (el pueblo) como son el juicio por jurado, los referéndums, la elección de todo tipo de cargos públicos, etc. Las teorías de los ilustrados del XVIII, particularmente el principio de la división de poderes de Montesquieu, el principio de la tolerancia de Voltaire y el principio de la soberanía nacional de Rousseau, se consideran las bases de los sistemas en que el poder se limita a sí mismo, lo que garantiza la libertad individual, reconoce derechos (no siempre definidos de igual forma: individuales, civiles, humanos, sociales) y se ejerce mediante representantes elegidos libremente. Tales sistemas sólo son democráticos si tal representación se hace mediante elección popular y hay mecanismos de control popular. Así se procuraron aplicar históricamente en los sucesivos movimientos revolucionarios: el americano de 1776, los franceses de 1789, 1848 y 1871 (la Communne) y el ruso de 1917.

La democracia se ha definido de forma lapidaria en diferentes ocasiones. La clásica de la "democracia ateniense" la realizó Tucídides al recrear un discurso fúnebre que atribuye a Pericles:


Esquema de una trirreme ateniense
 (procede del blog de Pompilos -diario esporádico de un profesor de griego-).
Se ha relacionado la democracia con el papel clave que los remeros atenienses
tenían en la flota, y el de ésta en las guerras médicas, y el de éstas...
Similares reflexiones se han hecho de las distintas formaciones terrestres
y los equipamientos requeridos (héroes homéricos en carro, hoplitas a pie).
También en el sistema político-militar romano (senadores, equites, proletarii)
Disfrutamos de un régimen político que no imita las leyes de los vecinos; más que imitadores de otros, en efecto, nosotros mismos servimos de modelo para algunos. En cuanto al nombre, puesto que la administración se ejerce en favor / está en manos [según se lea oikeîn o hékein] de la mayoría, y no de unos pocos, a este régimen se lo ha llamado democracia; respecto a las leyes, todos gozan de iguales derechos en la defensa de sus intereses particulares; en lo relativo a los honores, cualquiera que se distinga en algún aspecto puede acceder a los cargos públicos, pues se lo elige más por sus méritos que por su categoría social; y tampoco al que es pobre, por su parte, su oscura posición le impide prestar sus servicios a la patria, si es que tiene la posibilidad de hacerlo.
Tenemos por norma respetar la libertad, tanto en los asuntos públicos como en las rivalidades diarias de unos con otros, sin enojarnos con nuestro vecino cuando él actúa espontáneamente, ni exteriorizar nuestra molestia, pues ésta, aunque innocua, es ingrata de presenciar. Si bien en los asuntos privados somos indulgentes, en los públicos, en cambio, ante todo por un respetuoso temor, jamás obramos ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca el turno de mandar, y acatamos las leyes, en particular las dictadas en favor de los que son víctimas de una injusticia, y las que, aunque no estén escritas, todos consideran vergonzoso infringir. (Historia de la Guerra del Peloponeso, II, 35-46).

Curiosamente, no era esa la opinión mayoritaria; quizá sí en determinados momentos en Atenas (en ese breve periodo que de forma optimista se conoce como "siglo de Pericles", mediados del siglo V a. C.), pero no en la mayor parte de las ciudades griegas, cuyos regímenes políticos fueron más habitualmente aristocráticos, o tiranías populares, o satrapías provinciales del despotismo oriental impuesto por el Imperio persa, el Imperio macedónico (a quien sin éxito se opuso Demóstenes en Atenas) o las monarquías helenísticas. Las opiniones contrarias a la democracia ateniense están en los propios textos políticos de los filósofos atenienses, empezando por el mismo Platón, partidario de una meritocracia en la que la mayoría tendría que limitarse a trabajar para alimentar a los guerreros que los defienden y a los filósofos que los gobiernan. Son muy significativos los textos del "partido aristocrático" ateniense donde se denomina ''kakoi'' ("malvados") a los del "partido popular".
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_Arcaica#Conflictos_sociales_y_pol.C3.ADticos
https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89poca_Arcaica#Gn.C3.B3mica

... recobrar aquélla democracia (patrios politeia) que Solón, el mayor demócrata, nos legisló y Clístenes restableció tras expulsar a los tiranos y traer de nuevo al pueblo. No encontraremos ninguna más democrática ni más útil a la ciudad que esta. Y la mayor prueba es la siguiente: los que se sirvieron de ella ejecutaron muchas y bellas acciones, tuvieron la mayor fama entre todos los hombres y alcanzaron la hegemonía que les dieron voluntariamente los griegos. ... Quienes en aquel tiempo gobernaban la ciudad establecieron no una constitución que tenía [sic, tuviese] el nombre más democrático y dulce pero que por sus hechos no se mostraba [sic, mostrase] así a los que les afectaba, ni la [sic, una constitución] que educaba a los ciudadanos en la creencia de que era democracia el libertinaje, libertad la ilegalidad, igualdad de derechos [isonomía?] la libertad de expresión [Crítica a la democracia avanzada al tratar el tema de la libertad de palabra (parresía); no debe confundirse esta libertad de expresión con la injuria -nota del editor-] y felicidad la posibilidad de actuar de esta manera, sino la [sic, una constitución] que, al odiar y castigar a los que eran así, hizo mejores y más prudentes a todos los ciudadanos. Lo que más contribuyó a que gobernaran bien la ciudad fue que, de las dos igualdades que se conocen, una la que asigna lo mismo a todos y otra la que da a cada uno lo más conveniente [distinción entre igualdad "matemática" e igualdad "geométrica" (es parecido a la distinción que los americanos hacen entre equality y equity -nota mía-), el tema lo trata Platón en Rep. 558 e Isócrates  lo plantea también en Nicocles 14 y sigs. y A Nicocles 14. -nota del editor-] , no ignoraron cuál es la más útil, sino que consideraron injusta la que estima igual a los buenos y a los malos. Por el contrario, prefirieron la igualdad que premia y castiga a cada uno según su mérito, y con ella gobernaron la ciudad, sin designar los cargos públicos sacándolos a sorteo entre todos, sino eligiendo para cada empresa a los mejores y a los más capaces [A este tipo de elecciones entre un grupo de gentes seleccionadas anteriormente, se le llama prokrínein o hareisthai ek prokriton -nota del editor]. Porque esperaban que los demás se hicieran iguales a quienes eran más diestros en los asuntos públicos. Además pensaron que este sistema era más democrático que el producido por la suerte. Pues en un sorteo decide el azar y muchas veces los cargos van a parar a quienes desean la oligarquía, pero en una elección de los más adecuados, el pueblo será dueño de elegir a los más firmes partidarios de la constitución establecida. ... Para decirlo en una palabra, aquellos [Solón, Clístenes] habían determinado que el pueblo, como un tirano, debía establecer los cargos públicos, castigar a los infractores y resolver las disputas, y que los que fueran capaces de mandar y hubieran adquirido unos medios de vida suficientes, se ocuparan de los asuntos públicos como si fueran sus servidores, y que, si llegaban a ser justos, fueran aplaudidos y se conformaran con ese honor. ... ¿cómo se podrá encontrar una democracia más firme o más justa que la que ponía a los más capacitados al frente de los asuntos y hacía al pueblo señor de ellos? (Isócrates, Aeropagítico, 16 y ss.)

Entre los teóricos políticos romanos el concepto de democracia no tiene defensores. Polibio define más bien su sistema como un híbrido entre los principios monárquicos (las magistraturas), aristocráticos (el senado) y democráticos (los comicios); surgido de la rebelión de los patricios contra una monarquía extranjera (etrusca) y de la lucha de los plebeyos por alcanzar cierta participación en el poder.

Durante la Edad Media, el concepto de democracia en teoría política es peyorativo. La representación política estamental en los parlamentos era algo muy alejado de principios democráticos, sino la extensión de prácticas tradicionales que combinaban el modelo cortesano bajoimperial del Aula Regia con el modelo germánico de la asamblea de guerreros libres, y el pacto feudo-vasallático (auxilium et consilium). La extensión de un gobierno popular local (como el concejo abierto castellano) significaba convertirlo en "señorío colectivo" o república aristocrática (como las ciudades estado italianas). No obstante, se fueron introduciendo conceptos teóricos de distinto origen (derecho romano, derecho canónico, especulaciones filosóficas y teológicas -Defensor Pacis de Marsilio de Padua-) que con el tiempo serían de aplicación en el futuro concepto de democracia, como el principio Quod omnes tangit ab omnibus approbari debet (lo que a todos concierne, todos deben aprobarlo) y el conciliarismo (el poder del concilio -que representa a la Res Publica Christiana- es superior al del papa). En todo el periodo del Antiguo Régimen, desde los últimos siglos de la Edad Media hasta el final de la Edad Moderna, con el nombre de "democracia" nadie identificaba un ideal político, aunque retrospectivamente la historiografía (muy a menudo con criterios idealizadores románticos) interpretó tendencias igualitarias en las experiencias radicales de participación popular (los fraticelli, hussitas, wicliffitas y lolardos, los comuneros castellanos, los anabaptistas alemanes o los levellers ingleses). Los padres de la ciencia política (escuela de Salamanca, Grotius, Hobbes, Locke, Montesquieu) no estiman particularmente la democracia, hasta el triunfo ideológico de la Ilustración a mediados del siglo XVIII. Rousseau y los philosophes enciclopedistas que encienden la llama ideológica de la Revolución francesa tienen el centro de su pensamiento político no tanto en la democracia como en la soberanía nacional o popular que, con los derechos naturales, se inspiran el concepto de contrato social, y que tendrá muy distinta lectura a uno y otro lado del Atlántico, como evidencian Burke (inglés, que apoya a los revolucionarios americanos y combate a los franceses) y Tocqueville (francés, que encuentra en la sociedad estadounidense -De la démocratie en Amerique, 1835- las claves del futuro sociopolítico que en su país estaban oscurecidas por el humo de las barricadas).

La definición contemporánea, la de la "democracia americana" la realizó Abraham Lincoln en una ocasión similar a la de Pericles, la "oración de Gettysburg" (el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, parafraseando al lema del despotismo ilustrado).

La profunda transformación social (paso de la sociedad preindustrial a la sociedad industrial) que se produjo en el contexto económico y tecnológico de las revoluciones industriales y en el contexto político no tanto de la crisis del Antiguo Régimen en la "era de las revoluciones" (revoluciones liberales de 1776 a 1848), como del reformismo posterior a ellas, el que se enfrentó al desafío de la "era de los extremos" (guerras mundiales, entreguerras, totalitarismos, de 1914 a 1945 -y la guerra fría posterior-) con un pacto social entre clases y una fuerte inversión en "consenso manufacturado"; la democracia pasa a ser un ideal de convivencia definida en lo formal por el Estado de derecho y las elecciones libres, y en el contenido por el Estado del bienestar y la intervención en la economía de mercado: una "democracia social", que se ejemplifica en el paraíso nórdico (la imagen que tenían los "progres" antifranquistas españoles de todo lo que había al norte de los Pirineos, y la que los "liberals" estadounidenses tenían de Canadá y Europa noroccidental, a su lado del Muro de Berlín -el que visitó Kennedy en 1963, cuando dijo Ich bin ein Berliner-).

El proceso de democratización, señala Bobbio, debería manifestarse "no tanto en la respuesta a la pregunta ¿quién vota? como en la contestación a la interrogante ¿dónde vota?". En otras palabras, el desarrollo de la democracia debería manifestarse no tanto en el aumento del número de quienes tienen derecho a participar en las decisiones generales (políticas...) que les atañen (conquista ya lograda con el sufragio universal), sino en el aumento de los espacios en los que pueden ejercer ese derecho. El proceso de democratización, entendido como "extensión del poder ascendente ... al campo de la sociedad civil en sus diversaqs articulaciones, desde la escuela hasta la fábrica", implicaría "el paso de la democracia política, en sentido estricto, a la democracia social". Pero ¿qué entiende Bobbio por democracia social"? Cuando Tocqueville habla de la democratización en términos de un lento proceso de igualación de las condiciones, su análisis muestra un problema conceptual relativo al uso del concepto mismo de democracia. "Democracia" es utilizado no sólo como un término de la teoría política para caracterizar una forma de gobierno (de toma de decisiones colectivas), sino también como un concepto de la sociología para caraqcterizar un determinado orden social. De hecho, como ya dijimos, en su discurso uno de los sentidos básicos de democracia es igualdad de condiciones: la "democracia" es sobre todo, un estado de la sociedad cuyo rasgo central es la igualdad. ¿Qué igualdad? La que resulta de la eliminación de los rangos característicos de la sociedad del ancien régime y de sus privilegios, de manera que todos los individuos tienden a quedarse en un solo rango, con características, derechos, costumbres, deseos e incluso presupuestos, tendencialmente iguales. En el discurso de Bobbio en torno al "espacio limitado" encontramos, en cambio, una extensión en el uso del término "democracia" más allá del ámbito puramente polítio, es decir, general y coactivo. Se trata de un uso que se refiere a toma de decisiones colectivas de carácter no general y no directamente sancionado, como las decidiones locales en una empresa, en una escuela, en una fábrica, etc. En otras palabras, por democracia entiende, más allá del ámbito político, una "forma de gobierno" posible, y quizás incluso deseable o alcanzable, de las varias y distintas instituciones de la sociedad civil. - Ampliación del concepto de democracia: la democracia social - Con frecuencia, Bobbio utiliza la expresión "democracia social" en el contexto de la polémica con aquellos que defienden la idea de que el proceso de democratización avanzaría únicamente por la vía de la sustitución de la democracia representativa por la democracia directa. Para atacar esta idea, Bobbio recurre, por una parte al argumento tradicional esgrimido contra las condiciones previstas por Rousseau para la existencia de una democracia, entendida ésta como democracia "directa": el tamaño y la creciente complejidad de los estados modernos impiden la participación directa de todos los ciudadanos en todas las decisiones que les atañen. Además, Bobbio advierte contra los peligros del exceso de participación de los ciudadanos: "El ciudadano total y el estado total son dos caras de la misma moneda, porque tienen en común, aunque considerada la una desde el punto de vista del pueblo, y la otra desde el punto de vista del príncipe, el mismo principio: "todo es política", es decir, la reducción de todos los intereses humanos a los intereses de la polis, la politización integral del hombre, la disolución del hombre en el ciudadano, la eliminación completa de la esfera de la vida privada en la esfera pública". Por otro lado, Bobbio muesta el equívoco conceptual en el que caen las demandas de más democracia por la vía de la ampliación o la sustitución de la democracia representativa por la democracia  directa: si bien se invoca a la democracia directa, en realidad lo que se pide es una extensión de la democracia o un cambio en sus instituciones, lo cual no implica la sustitución de la democracia representativa, sino más bien su desarrollo. ... "la ocupación por parte de formas, incluso tradicionales, de democracia, como la democracia representativa, de nuevos espacios, es decir, de espacios dominados  hasta ahora por organizaciones de tipo jerárquico o burocrático". Para Bobbio no habría entonces, ningún tipo de incompatibilidad entre la democracia representativa y el cambio odesarrollo de sus instituciones; se trataría más bien del paso "de la democratización del estado a la democratización de la sociedad". (Corina Yturbe, Pensar la democracia: Norberto Bobbio, pgs. 118-120).

Siguiendo a Churchill (es la peor forma de gobierno, excepto todas las otras formas que se han probado de tiempo en tiempo -también la ejemplificó con la situación en que si llaman a tu puerta de madrugada, es el lechero-), hay cada vez una mayor tendencia a identificar la democracia contemporánea con un sistema político adecuado a lo que Popper denomina "sociedad abierta", y que tiene mucho que ver con su epistemología (el falsacionismo, que surge a partir del análisis del nuevo paradigma científico que se impuso a partir del primer tercio del siglo XX -probabilista y no determinista-): la democracia no es el sistema perfecto sino un bienintencionado intento de regular y aprovechar civilizadamente las imperfecciones de convivencia de los humanos para generar fórmulas cada vez más… perfectibles. Tanto en las relaciones de pareja, tan frágiles hoy día, como en las propiamente políticas, no hay que esperar utópicas felicidades eternas ni el cumplimiento de ideales salvíficos, sino arbitrar correcciones, una detrás de otra, sin pausa, sin fin y con una razonable tolerancia a las imperfecciones ajenas y al nunca desdeñable papel del azar. Claro que cabría preguntarse qué pasa cuando se produce un overbooking de imperfecciones, pero esa sería otra historia (Pedro J. Bosch, El discreto encanto de las imperfecciones, 6 de julio de 2014).

El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía. El pueblo transfiere de diversos modos el ejercicio de su soberanía a aquellos que elige libremente como sus representantes, pero conserva la facultad de ejercitarla en el control de las acciones de los gobernantes y también en su sustitución, en caso de que no cumplan satisfactoriamente sus funciones. Si bien esto es un derecho válido en todo Estado y en cualquier régimen político, el sistema de la democracia, gracias a sus procedimientos de control, permite y garantiza su mejor actuación. (Pontificio Consejo "Justicia y Paz", Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 2005, párrafo 395; cita como fuentes de este párrafoa Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991) 850-851 y a Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris: AAS 55 (1963) 271). La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia. El gobierno democrático, en efecto, se define a partir de la atribución, por parte del pueblo, de poderes y funciones, que deben ejercitarse en su nombre, por su cuenta y a su favor; es evidente, pues, que toda democracia debe ser participativa. Lo cual comporta que los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados en el ejercicio de las funciones que ésta desarrolla. (ídem, párrafo 190, mismas fuentes).

Desde la Segunda Guerra Mundial, establecida la democracia como única forma de gobierno respetable en el escenario internacional (convención universal que incluso fue sancionada por la iglesia católica desde su aggiornamento), ha ocurrido una curiosa convergencia de todo tipo de connotaciones positivas en el término, de modo que ha venido a resultar completamente inutilizable como criterio de diferenciación política, porque la mayoría de la gente llama democracia a la forma de gobierno que le gusta o le conviene (Jesús Palomar, Los padres de la democracia). En algunos, ese gusto o conveniencia se ajusta a un ideal candoroso (democracia sería que a todos nos miraran igual, dijo el pastor entrevistado por Évole), y en otros, al ideal de paz que comparten todos los conquistadores sanguinarios (la paz tras mi victoria -no tengo enemigos, los he matado a todos-, dijo Narváez al confesor, que en su lecho de muerte le exhortaba a perdonar a sus enemigos) y que también puede verse en la tópica proclama de dictador sudamericano: Democracia, democracia, democracia, y al que no le guste que me lo afusilen ... empezando por esa panda de opositores ... que me están chingando la democracia.

Según un primer concepto de democracia, esta es un procedimiento, un conjunto de reglas procedimentales en las cuales la regla de la mayoría ocupa un lugar preponderante para la toma de decisiones. ... Es bastante obvio, y lo recordaba oportunamente hace pocos meses Francisco J. Laporta en las páginas de EL PAÍS (26 de mayo de 2014) que, con arreglo a este concepto, en democracia no puede decidirse sobre todo. Muchos recordamos de nuestra época de jóvenes universitarios las interminables discusiones sobre si habíamos de votar sobre determinada cuestión, y también si habíamos de votar sobre si votábamos sobre dicha cuestión y, recuerdo alguna vez, si habíamos de votar sobre si votábamos sobre si votar sobre determinada cuestión. Es un caso claro de regreso al infinito. No podemos votar sobre todo y a la vez. El procedimiento democrático requiere que algunas cosas se establezcan de antemano: la agenda de las cuestiones a decidir, el orden en que se decidirán, la forma en que se formularán para tomar la decisión, el momento en que tendrá lugar la votación, por ejemplo. Es una cosa sabida de hace mucho tiempo. Ramon Llull, por ejemplo, tiene algunos estudios sumamente instructivos sobre todo ello, fundamentalmente preocupado por los procedimientos de elección de los abades en las comunidades monásticas. Después, en el siglo XVIII, el caballero de Borda y el marqués de Condorcet sofisticaron matemáticamente estas aproximaciones mostrando algunas interesantes paradojas y consecuencias de los diversos métodos de votación que están en el origen, de la pionera mano de Kenneth Arrow, de muy relevantes desarrollos de la ciencia política y de la economía contemporánea. Conforme al segundo concepto de democracia, la democracia es un ideal, el ideal del autogobierno. Este es un ideal no procedimental, sino sustantivo. Dado que nos reconocemos como personas autónomas, el único modo legítimo de aceptar la autoridad de unos sobre otros es en un modelo que garantice que esta autoridad es aceptable por todas las personas razonables sometidas a ella, como un marco adecuado para llevar adelante sus planes de vida. Estos dos conceptos son complementarios, pero algunas veces pueden entrar en tensión. Por ejemplo, cuando algunas minorías no sienten que las reglas procedimentales que gobiernan su comunidad son capaces de albergar de manera razonable sus planes de vida, se manifiestan en las calles y se rebelan para cambiar dicha situación. La lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos en los años sesenta para lograr el cambio de muchas reglas que perjudicaban a los miembros de la minoría afroamericana tiene mucho que ver con ello. (Josep Joan Moreso, Dos conceptos de democracia - Es un conjunto de reglas y un ideal de autogobierno: cuando entran en tensión, hay que buscar salidas, El País, 26 de agosto de 2014).

A 2016 Presidential Election Panel Survey by the RAND Corporation revealed that the single factor that best predicted voter support for Donald Trump among likely Republican voters was not income, education, race, gender or attitudes toward Muslim or illegal immigration, but agreement with the statement “people like me don’t have any say.” [la gente como yo no tiene nada que decir, no tiene poder de decisión, no tiene voz ni voto]  What if these and other voters who feel powerless really are?... In an earlier era of white supremacy and Protestant Christian hegemony, the United States was what the Washington Post columnist Fareed Zakaria and others call an “illiberal democracy,” [democracia enfermo-liberal] characterized by majoritarian tyranny [tiranía de la mayoría]. But the solution is not the other extreme of technocratic rule by purportedly enlightened elites, described by the Harvard political theorist Yascha Mounk as “undemocratic liberalism.” [liberalismo indemocrático] Majorities need to be constrained when it comes to essential rights. But removing too many decisions from local to remote governments and from legislators answerable to voters to unelected judges, executive officials and treaty negotiators [se refiere al ITTP], is likely to create a democratic deficit that provokes a backlash against the system. If we want to avert the sense of powerlessness among voters that fuels demagogy [se refiere a los candidatos Trump y Sanders], the answer is not less democracy in America, but more.
Michael Lind, Is There Too Much Democracy in America or Too Little?, NYT, 14 de mayo de 2016

Véase también Pueblo-Demos, Poder, Voluntad, Soberanía, Ciudadano-Participación, Elecciones, Referéndum, Grecia, Concejo, Burguesía, Liberalismo, Americano, Despotismo-Despotismo ilustrado, Poder-Separación de poderes, Conflicto-Consenso

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Definiciones_de_la_democracia
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2013/09/democracia-sorteo-o-eleccion.html
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2013/08/democracia-ciudadania-y-derechos.html
http://filosofiapalomar.blogspot.com.es/2014/07/los-padres-de-la-democracia.html#more
Serie de artículos de Pablo Simón en Jot Dawn (2014-2015): "La democracia según..." Carl SchmittMax Weber, Tocqueville, Marx, Schumpeter, Stuart Mill.

Democracia cristiana > Religión y política (cristianismo)
Véase también Espectro político-Centrismo

Democracia popular > Comunismo

Democracia vigilada > Militarismo
Véase también Poder-Poderes fácticos